Opinión

Suecia y Finlandia deben entrar cuanto antes en la OTAN

Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor, periodista y colaborador de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente suyas. Mira más en cnne.com/opinion

(CNN Español) — Rusia amenaza con desplegar más armas nucleares si Suecia y Finlandia entran en la OTAN. No lo hará. Se trata de un bluf. ¿Para qué Putin puede o quiere arriesgar su poder sobre Rusia? Ya se sabe que el artículo quinto de la OTAN dice, como reza el lema de los mosqueteros, “uno para todos y todos para uno”. Rusia sería minuciosamente destruida si se atreve a lanzar una andanada nuclear contra cualquiera de los dos países.

Hay dos noticias realmente importantes. Una de ellas es que, como le dijo el periodista investigativo ruso Andrei Soldatov a Erin Burnett de CNN, el general ruso Sergey Beseda ha ido a parar a la prisión Lefortovo. Beseda era el jefe de Inteligencia y se encargaba, entre otras cosas, de mantener contactos oficiales con la CIA. No se sabe si le mintió a Putin, o se trata de un simple chivo expiatorio para tratar de contener la información sobre los problemas en el Servicio Federal de Seguridad, o si es alguien que, finalmente, aparecerá y su misión es desacreditar a los ucranianos, especialmente ahora que afirman que han hundido el buque insignia de la Marina rusa en el mar Negro.

La otra: hace unos años se exilió en Miami un simple soldado cubano de una unidad de tanques rusos en Pinar del Río, muy cerca de La Habana. Hablé con él y me contó que, en una oportunidad, ninguno de los tanques rusos estaba disponible para el combate. Me dijo que a los que parecían mejores les faltaba la batería, pues había sido sustraída para venderla en el mercado negro, donde alcanzaban un buen precio para los desabastecidos tractores.

Creo que hay que buscar una vía de negociación para permitirle a Rusia “salvar la cara”. Esta nueva crisis se parece mucho a aquella. En octubre de 1962, cuando la crisis de los misiles estalló, Estados Unidos y la OTAN sacrificaron una parte de la cohetería que estaba en Turquía y garantizaron que EE.UU. no invadiera Cuba. El objetivo era contentar a Fidel Castro y buscarle una explicación a la instalación y luego, al retiro de los misiles en Cuba.

Me parece que Putin, a estas alturas de la invasión, sabe que las Fuerzas Armadas rusas son un “tigre de papel”, pero con colmillos atómicos. No es conveniente humillarlo, pero tampoco permitirle que haga lo que desee con la OTAN. Si Finlandia y Suecia quieren pertenecer a la organización defensiva, están en su derecho. La OTAN es también un tratado para impedir la proliferación nuclear, lo que es perfecto para esgrimir una excusa rusa.

En todo caso, Suecia y Finlandia pueden fabricar armas nucleares contra Rusia si este país se empeña en que no entren en la OTAN. Nadie se mete con Corea del Norte, que comparte frontera con Rusia. Tienen la bomba atómica y posibilidades de llegar con un cohete a Tokio o a Seúl. Todo lo que deben hacer es modificar la cabeza para asegurarse de que llevan carga nuclear. Ellos, los norcoreanos, aseguran que pueden calcinar Los Ángeles o San Francisco. Tal vez podrían destruir Washington o Nueva York. Nadie, lógicamente, se arriesga a averiguarlo. No tiene sentido. Suecia y Finlandia pueden lograr lo mismo que Moscú. Por eso, si yo fuera asesor de Putin (Dios me libre de ese tormento), le diría que están mejor dentro que fuera de la OTAN.

 

 

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