Opinión

SOMOS UNA REPÚBLICA IMPREDECIBLE.

Antonio Aguirre Medina/Guayaquil

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Vivimos de sobresaltos en sobresaltos, de angustias en angustias y de ofrecimientos en ofrecimientos. Los planes de trabajo ofrecidos por los candidatos, cuando llegan a posesionarse como autoridades gobernantes, prácticamente le hacen un simple saludo a la bandera, que muere en el intento antes de cumplir con todo lo ofrecido en  las campañas electorales. Hay otros que desde la clandestinidad siguen tratando de manejar el país por control remoto desde otro continente.

Total, la práctica pura de la democracia es una engañosa quimera que sólo sirve para entretener a un pueblo famélico que necesita de urgencia a un Presidente de la República, no con hue… de avestruz, sino con los hue… bien rayados, aunque sean de codorniz. Dice la historia sagrada de la vida, que quien mucho predica, poco práctica.

Ningún gobierno exitoso en la humanidad ha logrado sobrevivir sólo con ofertas, muchas de ellas irrealizables, para que pasen a formar parte de la historia, tiene que hacer sentir su poder ya sea en obras honestas y promulgando leyes severas que exterminen de una vez por todas la inmoralidad, el raterismo y la perniciosa corrupción que abundan a todo nivel en nuestro país.