Opinión

Sólo la Verdad; ninguna Comisión

Jorge A. Gallardo Moscoso/ Guayaquil.

La desesperación de los correístas por integrar una Comisión de la Verdad es inequívoca manifestación de la seguridad que tienen sobre los resultados que arroje: el jefe y los integrantes de la banda son inocentes de las fechorías cometidas, los presos quedan libres, los prófugos retornan, los juicios se archivan.

Tanto el habeas corpus concedido a Jorge Glas, el “más corrupto político de la historia del Ecuador”, como afirma Walter Spurrier (El Universo, La hora de la sociedad civil, 24.04.2022), así como el asilo o refugio otorgado por Bélgica a Rafael Correa, constituyen prueba fehaciente de que los favorecidos y la organización política que los cobija cuentan con montones gigantes de dinero para pagar abogados, nacionales y extranjeros, “comprar” jueces, “revisar” sentencias y “pagar” muy bien cuanto “favor” reciban y les permita, más pronto que tarde, volver al escenario político nacional y “tomarse” el poder de la república.

No se trata de especulaciones y de prejuicios. Basta coincidir con el siempre muy bien documentado y brillante analista Spurrier, quien, en la mencionada columna al dar cuenta de las irregularidades registradas en el manejo de los sectores estratégicos, escribe que se produjo “el robo más colosal de la historia” y que esos sectores “fueron inconmensurablemente lucrativos para ciertas autoridades”, revelando una “descomunal corrupción”, por lo que la acción de la sociedad civil es indispensable para frenar que esto siga sucediendo.

¿Comisión de la Verdad para qué? Que no se permita tal tropelía (violencia de abusivos), se investigue y se sancionen los múltiples delitos perpetrados por esta gente sin vergüenza (s) e inescrupulosa que, por tal, sólo puede mostrar –y hasta con orgullo- su calidad inmoral. ¡Cuidado! Sí, cuidado, porque el país no merece repetir el desastre y el fracaso total de los casi 15 años vividos con la RC. La mentira se vale de artilugios triquiñuelas, trampas y politiquería. La verdad, sencillamente, no.