Opinión

Solca

Ab. Luis Hidalgo Vernaza/Guayaquil

 

Una persona amiga me decía: «¿Por qué no bajas un poco el tono de los comentarios políticos sobre el país y escribes algo que no atice la hoguera que ya existe por las calamidades como la delincuencia y la corrupción?»

Efectivamente, la vorágine en que está sumido el país frente a lo que será el próximo proceso electoral es cada día más efervescente y, en ciertos momentos, incontrolable. Hay complicidad de los Poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo, pero también se está atentando últimamente contra la salud, y eso es muy peligroso.

SOLCA enfrenta una vez más un grave problema económico. Desde que se introdujeron las derivaciones del IESS y de los hospitales del Ministerio de Salud, los problemas financieros empezaron; no obstante, la situación se ha vuelto insostenible para muchos establecimientos guayaquileños.

Guayaquil, porque muy poco se escuchará de una situación similar en otras ciudades. Tiene una explicación, porque somos los originarios de esta urbe los que hemos fundado estas instituciones para hacer frente a las adversidades y suplir las deficiencias que existen en salud desde que somos República.

Para aquellas personas que se les llena la boca diciendo que son guayaquileños, hay que hacerles conocer que SOLCA se fundó hace 73 años para dedicarse exclusivamente a la lucha contra el cáncer en Guayaquil y posteriormente se replicó en todo Ecuador. Gracias al compromiso de notables ciudadanos voluntarios, se gestó la idea que hizo posible lo que es hasta ahora la Sociedad de Lucha contra el Cáncer.

El 8 de noviembre de 1951, se reúne por primera vez un grupo selecto de empresarios, juristas, banqueros y médicos con un solo propósito en común: llevar adelante una obra de beneficio social que tenga como acción la lucha contra el cáncer.

La idea no tuvo ni tiene ningún trasfondo político, como se ha venido sosteniendo. Tampoco que la dirección tenga «sueños de perros». Peregrina estupidez al máximo grado.

El 29 de noviembre de 1951, bajo la presidencia del Dr. Tanca Marengo, se reúne la comisión organizadora para escuchar el informe de labores sobre las gestiones realizadas y conocer el proyecto del Plan de lucha contra el Cáncer. Se aprueba el nombre que ostenta hasta la actualidad y se conforma el primer directorio: Presidente Tanca Marengo, Vicepresidente Augusto Dillon Valdez, y un grupo entre los que se encontraban José Rubira R., Gustavo Fassio, Ernesto Jouvín C., Manuel Ignacio Gómez, Julio Salem D., Antonio Pino Ycaza, entre otros (largo nombrar a todos).

Como mencioné al comienzo, SOLCA tiene que afrontar graves problemas económicos, al igual que otros establecimientos dedicados a la salud. Solo a la noble institución se le adeuda una cifra aproximada de 100 millones de dólares, pretendiendo que, con un abono de 4 millones, siga dando el mismo servicio, sin considerar medicinas, equipos, sueldos, etc. Quien preside el IESS amenaza con enviar a la Contraloría como si presumiera o conociera irregularidades. ¡Qué estulticia!

La ignorancia de ciertas autoridades, que nunca han pisado el hospital de SOLCA, es consecuencia de no haber experimentado lo que es padecer esa maligna enfermedad y la atención que se recibe.

La prepotencia, arrogancia y quizás la falta de experiencia han llevado a decisiones equivocadas; no obstante, esto quedará marcado en la memoria de los guayaquileños, y ni se diga de quienes padecen la enfermedad y son tratados en esta nobilísima casa hospitalaria.

Esperamos la reflexión y la disposición del presidente Noboa para que se asignen los fondos necesarios para la atención oncológica y de aquellos pacientes de diálisis.

¡La solidaridad con SOLCA y sus funcionarios, así como con las diferentes instituciones guayaquileñas inmersas en la salud!