Opinión

Sin amor no hay solución

Por: Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

 

La Madre Teresa de Calcuta alguna vez dijo: «Cuando enfrentes al mundo, dale, amor a todo aquel que te encuentres; que tu presencia ilumine los corazones de otras personas. Necesitamos recibir en nosotros la capacidad de amar que proviene de Dios».

Puede ser fácil perder de vista un elemento fundamental: el amor. No me refiero solo al amor romántico, sino a la compasión, la empatía y la conexión humana en todas sus formas. Es en este tejido de amor donde reside la verdadera solución a muchos de nuestros problemas más frecuentes.

En la esfera política, por ejemplo, la falta de amor y comprensión hacia los demás puede llevar a la polarización extrema y al estancamiento. Cuando nos aferramos a nuestras posiciones sin considerar las necesidades y experiencias de los demás, el progreso se vuelve imposible. Es el amor por nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo lo que nos impulsa a buscar soluciones inclusivas y equitativas.

En el ámbito social, el amor es la fuerza que une a las personas y construye comunidades resilientes. La falta de amor y aceptación puede manifestarse en formas de discriminación, marginación y violencia. Solo cuando nos comprometemos a ver la humanidad en los demás, independientemente de nuestras diferencias, podemos construir sociedades donde todos puedan prosperar.

Incluso en los desafíos globales más apremiantes, como el cambio climático y la desigualdad económica, el amor juega un papel crucial. La falta de amor por nuestro planeta y por aquellos que están más afectados por las injusticias económicas nos impide tomar las medidas necesarias para abordar estos problemas de manera significativa y sostenible.

Entonces, ¿cómo podemos cultivar más amor en un mundo que a menudo parece estar tan carente de él? Comienza con pequeños actos de bondad y compasión en nuestra vida diaria. Escuchemos activamente a los demás, mostremos empatía y practiquemos la autocompasión en nuestras propias luchas.

El amor es una fuerza poderosa que impulsa la acción y el cambio. Es solo cuando nos comprometemos a cultivar y practicar el amor en todas sus formas que podemos verdaderamente encontrar soluciones duraderas a los desafíos que enfrentamos como individuos, comunidades y sociedad en su conjunto. Sin amor, nuestra capacidad de progresar y prosperar se ve seriamente comprometida. Por lo tanto, abracemos el amor como la fuerza transformadora que es y trabajemos juntos para construir un mundo más compasivo, inclusivo y sostenible para todos.