Opinión

SILENCIO CÓMPLICE

Luis Hidalgo Vernaza

luishidalgov@gye.satnet.net

Cada vez son menos los que se atreven a denunciar los hechos de corrupción, enriquecimiento ilícito, robo, sicariato o simple agresión. El silencio que genera el miedo es cada vez más usual. Existe temor a la represalia. Desde las altas esferas emana un tufo de antipatía que fomenta las diferencias sociales convirtiéndose en el caldo de cultivo para que se generen dichos actos.

Nadie denuncia la descomposición en funcionarios de alto nivel. Desde la oposición se comenta la compra de grandes propiedades, costosos vehículos, yates, etc; pero nada sucede, todo se va en puros comentarios. Los sicarios actúan a vista y paciencia de todo el mundo y los narcos hacen de las suyas ante la miseria existente. Diariamente se conoce de capturas de drogas y de muertes por ajusticiamiento.

ANÉCDOTA:

Un profesor ” entró en la clase y lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno sentado en la primera fila: -¿Cómo te llamas?
– Me llamo Juan,
– ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más!,
desconcertado recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos indignados, pero nadie dijo nada.

Preguntó ¿Para qué sirven las leyes?…
“Para que haya un orden en nuestra sociedad”. Contestó uno

“¡No!” – Respondió el profesor.

-“Para que la gente mala pague por sus actos”.
-“¡¡No!! ¿Pero es que nadie sabrá responder?”…
-“Para que haya justicia” – dijo tímidamente una chica.
-“¡Por fin! Eso es… para que haya justicia. Y ahora ¿Para qué sirve
la justicia?”
– “Para salvaguardar los derechos humanos”
– “Bien, ¿Qué más?”.
– “Para premiar a quien hace el bien.”
– Ok, no está mal; pero… respondan: ¿Actué
correctamente al expulsar de la clase a Juan?…
Todos se quedaron callados.
– Quiero una respuesta decidida y unánime.
– ¡¡No!!- dijeron todos a la vez.
– ¿Podría decirse que cometí una injusticia?
– ¡Sí!
– Entonces… ¿Por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si  no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencian una injusticia.

¡No vuelvan a quedarse callados nunca más!

A lo anterior se le deberíamos añadir la OFENSA tanto de palabra como de obra. Con una facilidad pasmosa, se falta el respeto a las mujeres desde la más alta magistratura, mientras por otro lado se impulsan leyes que castigan la agresión a las féminas. Esas son las incongruencias que hoy observamos.

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