Opinión

Sigue la crisis en el IESS

Por Gerardo Maldonado Zeas/Cuenca

 

 

Esta semana se quejaron en Cuenca, que el IESS no tenía Losartán, un medicamento básico para controlar la hipertensión. El desabastecimiento de medicinas es frecuente, producto de una pésima administración de los inventarios al no tener la suficiente tecnología informática; además conforme se reportó hace más de un año, “las organizaciones de pacientes piden compras oportunas e inversiones permanentes para medicina de alto costo. Esto es esencial para el manejo de enfermedades catastróficas, huérfanas, raras y pacientes trasplantados” un gran problema que viene de años en el Seguro Social.

No solamente se puede castigar a los aportantes tocando sus sagrados derechos, si es que no existe antes una depuración de la institución. El IESS no cuenta, por ejemplo, con un sistema efectivo para monitorear las derivaciones a prestadores externos; inclusive algunos de estos procesos “han sido investigados por presuntos sobreprecios”.

El IESS, con todas sus falencias es el último refugio para recibir atención médica, debido a que los hospitales públicos están colapsados de pacientes y la atención médica particular es prácticamente imposible de acceder por los costos de horror que ello implica. Entre paréntesis; una madre desesperada por que su hijo tenía un sangrado en la nariz acudió a uno de estos centros de usura y el médico por la cauterización le cobró 180 dólares; un verdadero asalto. Las consultas por emergencia son otro atentado, y las famosas interconsultas llegan a costar por unos minutos hasta 150 dólares para que un médico especializado atienda. Conoceremos los detalles y denunciaremos con nombre y apellido.

El presidente del Consejo Directivo, Eduardo Peña Hurtado, quien en su posesión del 23 de diciembre pasado aseguró que “liderará las acciones de transformación y fortalecimiento de la seguridad social en el país en beneficio de más de 3 millones de afiliados” en sus intervenciones ante la prensa, cada vez que le tocan el tema de los años requeridos para que un afiliado pueda jubilarse, causan terror. No puede el número 1 del IESS decir, así porque sí, que 70 años de existencia, para acceder a este derecho es un tiempo correcto, aduciendo que ha mejorado la esperanza de vida, sin analizar en qué condiciones los afiliados llegan a esa edad.

Jubilación viene de “júbilo” y todos esperamos, con los requisitos vigentes, acceder a este derecho luego de haber cumplido con nuestras obligaciones con el país. Las reformas al IEES no se pueden aplicar por algunas de las tantas razones burocráticas. Pero cuando, de analizar la carga inmensa del personal se trata, todos hacen mutis; y ni se diga del tráfico de influencias de los dirigentes sindicales anquilosados en el poder desde hace años, que ponen y quitan funcionarios con sus acostumbrados chantajes. El presidente Noboa tiene un reto inmenso con la Seguridad Social.