SIEMPRE APRENDIENDO
Colaboración de Malena Palacios Frugone
La vida, a su manera tan silenciosa, nos va cambiando.
Primero se nos van las prisas. Luego las ganas de quedar bien con todos. Y después, sin avisar, empezamos a escoger la paz por encima del orgullo.
Ya no discutimos por cualquier cosa. Ya no mendigamos cariño. Ya no nos duele tanto perder a quien no se quiso quedar.
Porque con los años uno aprende.
Aprende que hay cansancios que no se curan durmiendo. Que hay tristezas que se acomodan para siempre en el pecho. Y que aun así… la vida sigue teniendo pedacitos hermosos.
Aprendemos a disfrutar el café caliente, una llamada inesperada, una tarde tranquila, una canción vieja que nos sabe a recuerdos.
El cuerpo cambia, sí. Las canas aparecen. Las arrugas cuentan historias. Y las rodillas anuncian el clima mejor que cualquier pronóstico.
Pero también cambia el alma.
Y esa versión de nosotros, más suave, más fuerte, más sabia, merece ser mirada con orgullo.
Porque no fue fácil llegar hasta aquí.
Nadie ve las veces que nos rompimos en silencio. Las noches que lloramos bajito para no preocupar a nadie. Los sueños que enterramos para sacar adelante a otros. Las despedidas que tuvimos que aceptar aunque nos partierán el corazón.
Y aun así… seguimos.
Seguimos amando. Seguimos cuidando. Seguimos levantándonos cada mañana aunque a veces el alma pese más que el cuerpo.
Qué regalo es llegar a esta etapa donde ya no necesitamos ser perfectos.
Donde entendemos que la belleza verdadera no está en la piel lisa, sino en la mirada tranquila. En el corazón noble. En las manos que han aprendido a sostener. En la capacidad de perdonar… y de perdonarnos.
Tal vez ya no somos aquellos muchachos de antes.
Pero somos esto: personas llenas de historia, de cicatrices, de amor, de vida.
Y eso… eso también es belleza.
Autor desconocido
