Opinión

Si tan solo

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

A veces cierro mis ojos para dejarlos en completa oscuridad, como quien se somete a un profundo sueño, trato de comenzar a dibujar en mi cabeza un panorama distinto al que vivo hoy, trazo imágenes mentales hasta el punto de pensar que son reales, trato de imaginar que hubiera pasado sin tan solo Cuba no hubiera alcanzado en algún momento de la historia la independencia por la que tanto luchó, si hubiera sido otro el sentido o la dirección que hubiera tomado cuando aún podía, si se hubiera quedado anexada a algún país imperialista como una de esas islas turísticas que ahora encontramos en panfletos llenos de paisajes llamativos y ofertas de vuelos. Si tan sólo cada proceso que pasó este país no hubiera desencadenado en el resultado perenne de un destino migratorio casi masivo empujado por la desesperación de unos, el temor de otros o contrario a eso la angustia de aquellos que nunca pudieron desertar y se quedaron.

Es doloroso mirar atrás y ver lo que has ganado hoy en relación a lo que perdiste para alcanzar todo eso; difícil reconocer todo(s) a lo que tuviste que renunciar un día para tratar de no quejarte más. Si partiste fue para aplacar la desesperación que llevabas dentro, las pocas ganas que te quedaban por hacer lo mismo con lo mismo todos los días, dejaste todo atrás para mejorar, porque te levantaste un día y descubriste que allá no resolvías mucho con los pocos recursos que reunías, eso es lo que te decías a ti mismo para convencerte y sentirte mejor para seguir adelante; sin embargo hoy, aquí estamos, llorando muertos cercanos que están tan lejos, no por muertos sino por no haber estado en ese justo momento para decir las últimas palabras… para despedirte. Y entonces ahora me pregunto cuándo fue la última vez que los vi, que fue lo último que dije, cuales fueron mis últimas palabras antes de despedirme con un beso. Sin duda duele más no poder responderte eso con certeza, porque el mundo va tan a prisa y pensando que seríamos eternos, allí estábamos diciéndonos adiós sin saberlo.

Me cuesta imaginar a mi familia unida por falta de costumbre, recordar cumpleaños tras cumpleaños bien celebrados pero unidos, vacaciones enteras con ellos en playas maravillosas que ahora sólo existen en mi imaginación. Me gusta creer que mi abuelo no murió sin poderme recordar, que aún se acordaba de mi nombre y la forma de mis ojos al decirle te quiero, mi pobre viejo víctima de un Alzheimer avanzado. Me gusta pensar que mi abuela murió con una sonrisa estando sentada en aquel sillón, meciéndose en el portal que nos vio crecer y estar cerca, muy cerca para sentir su cuerpo pasar de cálido a frío. Me gusta imaginarme celebrando cada triunfo con los míos, sentir que mis primos casi hermanos estarán ahí para compartir los momentos que en ocasiones calificamos de insignificantes.

Lo que más me duele es que sólo podría imaginarme a mi familia unida, a mis padres en el malecón despreocupados, a mis tíos caminando por la Habana vieja y tantas otras situaciones que me llenarían de regocijo, que sólo puedo tenerlas ahí, archivadas, libres en mi mente, intocables y casi irreconocibles, porque las caras cada vez se están volviendo más borrosas, víctimas del arrebato.

¡Si tan solo no hubiéramos tenido razones para partir!

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