SHANÁ TOVÁ 5787
Dr. Jorge Alberto Norero González/Guayaquil.
El llamado del shofar
Hay sonidos que no se escuchan con los oídos.
Se escuchan con el alma.
Hoy, al comenzar el año 5787, el sonido del shofar vuelve a elevarse como lo ha hecho durante miles de años. No es solamente un sonido antiguo. Es un llamado.
Un llamado a despertar.
A detener por un instante el ruido del mundo y preguntarnos, con absoluta honestidad: ¿qué estamos haciendo con nuestras vidas y qué mundo estamos dejando a nuestros hijos?
Rosh Hashaná nos recuerda que cada año tenemos la posibilidad de comenzar de nuevo.
De hacer teshuvá, volver al camino; reconocer nuestros errores, pedir perdón, reparar aquello que hemos dañado y encontrar el valor para ser mejores seres humanos.
Porque quizás ese sea el verdadero milagro de un año nuevo: no que cambie el calendario, sino que cambie el corazón del hombre.
Que en este 5787 podamos dejar atrás el odio que divide, la soberbia que enceguece, la indiferencia frente al dolor ajeno y esa peligrosa costumbre de pensar que la vida del otro vale menos que la nuestra.
Que nunca olvidemos que cada ser humano lleva dentro un mundo entero.
Por eso, cuando una vida se pierde, el mundo pierde una parte de sí mismo.
Cuando una familia sufre, algo de nuestra propia humanidad también se quiebra.
Y cuando alguien encuentra esperanza, todos tenemos un motivo para creer nuevamente en la humanidad.
Que este nuevo año traiga paz a los pueblos que viven bajo el sonido de las armas; alimento a quienes tienen hambre; un hogar a quienes fueron expulsados del suyo; consuelo a quienes lloran; salud a quienes están enfermos y esperanza a quienes sienten que ya no tienen fuerzas para continuar.
Que haya prosperidad, pero que no sea solamente acumulación de riquezas.
Que haya prosperidad en los hogares:
en la mesa compartida,
en el abrazo de los padres,
en la risa de los hijos,
en la tranquilidad de regresar a casa,
en el trabajo digno
y en la certeza de que mañana puede ser mejor que hoy.
Que aprendamos también el significado de la tzedaká: no solamente dar, sino comprender que tenemos una responsabilidad con el otro, especialmente con quien necesita de nosotros.
Porque la grandeza de una sociedad no se mide únicamente por sus edificios, sus mercados o sus riquezas.
Se mide por la manera en que trata al más vulnerable.
Y que quienes gobiernan, quienes tienen poder, dinero o influencia, recuerden que ningún cargo es eterno y que, al final, todos somos simplemente pasajeros de este breve viaje llamado vida.
Llegará el día en que no importará cuánto acumulamos, sino cuánto bien dejamos detrás de nosotros.
Por eso, en este Rosh Hashaná, mi deseo no es solamente que tengamos un año bueno.
Deseo algo más grande:
Que tengamos un año humano.
Un año en el que podamos mirarnos a los ojos sin odio.
Un año en el que las diferencias no nos impidan reconocernos como hermanos.
Un año en el que la política no destruya la fraternidad, la religión no sea utilizada para alimentar el odio y las fronteras no nos hagan olvidar que el dolor de una madre tiene el mismo idioma en cualquier lugar del planeta.
Que el Santo, bendito sea, inscriba a todos los seres humanos en el Libro de la Vida.
Y que el sonido del shofar nos recuerde algo que jamás deberíamos olvidar:
Todavía estamos a tiempo.
A tiempo de perdonar.
A tiempo de reconciliarnos.
A tiempo de reparar.
A tiempo de amar.
A tiempo de hacer el bien.
A tiempo, sobre todo, de elegir la vida.
Shaná Tová Umetuká.
Que el 5787 sea un año de paz verdadera, de justicia, de prosperidad, de salud y de fraternidad sincera.
Que Dios bendiga a Israel, a nuestro pueblo judío y a todos los pueblos de la Tierra.
Y que cuando dentro de un año volvamos a escuchar el shofar, podamos decir que no solamente pasó otro año…
sino que nosotros hicimos algo para que el mundo fuera un poco mejor.
Shaná Tová.
Shaná Tová Umetuká.
Que seamos inscritos y sellados para un año de vida, paz y bendiciones.
Semper Fi
