Opinión

SER Y PARECER UNA ALCALDESA

Martín Úraga Ycaza/Guayaquil
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Debo empezar dejando muy en claro, quien representa a quien, y en este caso puntual la señora alcaldesa me representa, sí, se ofreció para ello y decidí darle la oportunidad de hacerlo, por lo tanto, ella debe hacer su mayor esfuerzo en realizar dicho encargo, que se entienda bien, ENCARGO, el cual puede quedar sin efecto en cualquier momento.

Tal parece que ella no lo ha comprendido, no está consciente de que ella no se representa a si misma, a quien representa es a la ciudad, a los ciudadanos, más conocidos como los mandantes, y por ello es que quiero que se me represente de la mejor manera, ya sea en acto público o privado donde fuere invitada como representante de la ciudad, ante lo cual, lo menos que se espera es que lo cumpla, con apego a las normas que se estila para dicho evento, es decir con apego a la ética.

Así que creo que es hora de que mi representante, nuestra representante empiece por lo esencial, el respeto a las instituciones públicas o privadas, el respeto que le exige el cargo que temporalmente ocupa y el respeto a sus mandantes.

Parecería se encuentra en un proceso de descubrir nuevas facetas en su vida de “adolescente”, lo cual la lleva a comportarse y a actuar de una manera que podría decirse como caprichosa, un desafío al statu quo. El no someterse a las normas que rigen la solemnidad de algún acto en el cual interviene, al que le quiere dar su muy personal estilo.

Pienso que la ruta escogida para ser protagonista y resaltar en el desempeño de su cargo está errada, ésta debería ser la de las obras y el servicio a la ciudad y ciudadanía, por ende, una administración de la cual nos podamos sentir orgullos y muy bien representados, y no éste camino de la controversia e irrespeto a las normas que EL SENTIDO COMÚN impone.

Cuando llegue la hora y deje de ser mí, nuestra representante, en eso momento ella podrá MODELAR SUS JEANES ROTOS Y MOSTRAR SU MAQUILLAJE DE GATUBELA, PERO AHORA ES LA ALCALDESA DE GUAYAQUIL, ciudad de próceres y gente ilustre.

Así que, parafraseando, la señora alcaldesa no sólo debe ser, también debe parecer… una alcaldesa.

Los ciudadanos que la elegimos es lo menos que aspiramos de ella.

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