Opinión

SER RIZOMA Y NO RAÍZ

Por: Nelson Villacís/ Ibarra

(poeta, pintor y místico)

nrvillacis@live.com

 

Juntar lo mejor de nosotros y arrimar el hombro junto al otro, nos hace sociedades armónicas, aunque no perfectas; pero es preferible la unidad y el amor al prójimo que la egoísta perfección. Como perfección se nos vendió la idea de ser como los árboles, individuales, con raíces fuertes, troncos sólidos y follajes adjunto a vastos ramajes para dar generosos frutos; por ello, sobre todo se nos habló como cimiento y cepa de tener raíces; pero ya lo decía el poeta y místico Sufi, Jalaludin Rumi: “No vives en la tierra, estás de paso” Entonces, no sientes bases, ni raíces. No te aferres ni esfuerces por afincarte. Deja al ego que te ha hecho frágil y admite al amor que te fortalece.

Lo vertical puede romperse, pues ya lo dijo Lao Tsé -Lo de apariencia fuerte es frágil y lo de apariencia débil es lo verdaderamente fuerte – Nos basta y sobra con mirar el roble frente a la hierba; pues ante un huracán el roble se rompe en dos y hasta vuela por los aires, en tanto la hierba apenas se despeina.

Vaya que desde el arbitrio pasional de la más ingenua de las mitologías o su contrapuesto la ciencia nos han impuesto el arquetipo de la raíz y el árbol como su consecuencia hacia la excelencia.

Desde cuando el primer hombre y la primera mujer comieron el fruto del árbol prohibido se nos fue enseñando el modelo de la verticalidad; pues se nos habló del árbol del conocimiento, el árbol genealógico, el árbol de la sabiduría. Lo arbóreo con su imaginario en falo, hasta o eje cigüeñal se fue transformando en filosofía, organización política, económica, social y hasta racial.

Todo árbol crece en verticalidad desde abajo hacia arriba y tiene su propia peculiaridad que lo hace diferenciarse tanto de su propia especie como de otras raleas; pero ¿es válida aún esta analogía especulativa de la verticalidad? Pues ni el empirismo, ni el método científico, ni el racionalismo han podido borrar la huella del modelo del árbol de Plinio el viejo y la idea de una sociedad erguida, competitiva ha sobrevivido a eras y lustros.

Todos los sistemas y modos de producción económicos y políticos se basan en lo vertical; pretenden llevarnos a las nubes como la torre de Babel, ya sea en su estructura o en la superestructura, en lo objetivo y en lo supuestamente subjetivo; de allí que apenas veo diferencias cosméticas entre capitalismo, socialismo, comunismo, anarquismo porque todos plantean esquemas verticales y autoritarios. El capitalismo es un autoritarismo económico y el supuesto socialismo es un autoritarismo conceptual y político para dominar los sentimientos humanos.

Marx decía que la ideología es una deformación de la realidad, un ocultamiento; es decir, en tus ideas, la realidad no es, tal cual es, sino como a tu mente se le ocurre que sea; por lo tanto habló de abolir el matrimonio porque las nupcias son la base para construir una sociedad esclavista basada en la familia como núcleo del estado autoritario; pero resulta por demás gracioso mirar como leer a Marx fue prohibido durante los 70 años de revolución socialista soviética (solo se permitía leer a los intérpretes de Marx); igual como la religión católica prohibió a los fieles leer la biblia directamente hasta mediados del siglo veinte y solo podían acceder a las escrituras bíblicas a través de los sacerdotes; es más, los curas dieron las misas en latín hasta 1.963 y lo hacía de frente al púlpito, pero de espaldas al público. Recién con el Papa Juan XXIII y el Sacrosanctum Concilium Vaticano II se autorizaron otras lenguas para las ceremonias eclesiásticas. Así vemos graciosamente a los supuestos socialistas casándose y legitimando el estado y los curas legitimando sus bodas.

¿Por qué nadie nos habló de una sociedad de rizomas o de bulbos? El rizoma es la hierba que crece indefinidamente y en forma horizontal. Ningún folículo herbáceo por si solo representa algo y solo tiene sentido dentro de un herbazal. A ninguna brizna de hierba le interesa marcar el ego ni la diferencia. Cada hebra es un verdor en totalidad y en individual no representa nada. La hierba no necesita de raíces, pero se extiende como un nudo concatenado y armónico; de allí que el gran filósofo francés Gilles Deleuze decía: “Hay que ser rizoma y no raíz” y también decía: “La función de la filosofía es hacerse el idiota; porque la filosofía no sirve ni al estado ni a la iglesia y solo sirve para detestar la estupidez humana”

Requerimos de una sociedad Rizomática, donde nadie busque destacarse sobre nadie, donde nadie ostente el fruto de sus riquezas o conocimientos sino concatene con la armonía de la naturaleza.

La felicidad individual no puede cimentarse sobre la tristeza social. No puede existir verdadera riqueza si empobrecemos la naturaleza. Deberíamos despertar de esta sociedad del sueño, donde todos duermen y donde a quien ronca lo eligen jerarca, autoridad, líder, pastor, gurú o presidente.