Opinión

Sentado sobre el borde de una alta colina

María Cristina Menéndez Neale

cristimenendez85@gmail.com

@CristiMenendezN

Sentado sobre el borde de una alta colina, un viejo recuerda que de niño estaba seguro que los que se morían, lo observaban escondidos desde las nubes, y desde ellas lo protegían. Eso se suponía hacían sus abuelos. Pensar que de niño, las nubes eran el cielo, y que los muertos eran quienes hacían esas formas de animales, personas y cosas para animarlo. Se imaginaba saltando sobre esas nubes, tratando de hacer lo que harían los muertos.

Todavía se imagina haciéndolo. A ratos tiene la duda de que las nubes no lo van a sostener. Igual decide intentarlo; si las nubes cargan agua y lluvia, ¿por qué no lo cargarían a él? Hay muchas nubes acumuladas al nivel de la colina; suficientes para no dudarlo más.

El viejo se levanta y pone un pie en el aire sobre una pequeña nube. El peso de su cuerpo está sobre el pie que está todavía sobre la tierra. El viejo piensa que si no funciona, al menos se va haciendo lo que siempre anheló; y si las nubes no lo sostienen vivo, al menos le permitirían saltarlas como fantasma. Al mover el otro pie de la colina, el viejo atraviesa por completo esa pequeña nube. No llegó a avanzar a la que le seguía.

Empieza a caer, y a caer, y a caer, y a caer y a caer, hasta que cae sobre las ramas de un árbol. Se acomoda entre ellas y observa hacia las nubes, moviendo su cabeza de un lado hacia el otro. Luego, las ramas se rompen, haciéndolo caer al suelo, donde queda boca abajo por unos minutos, hasta que reacciona y se sienta ahí mismo donde cayó, observando las nubes, desde abajo, lamentando que no tuviera la razón.

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