Señor Presidente: la inteligencia estratégica debe convertirse en el eje de la seguridad nacional
Dr. Jorge Alberto Norero González/Guayaquil.
Señor Presidente:
Después de más de dos años y medio de gestión en materia de seguridad, ha llegado el momento de realizar una evaluación integral, objetiva e independiente de la estrategia nacional. La ciudadanía no juzga los esfuerzos por la cantidad de operativos, reuniones o convenios internacionales, sino por un resultado elemental: poder vivir sin miedo.
Los hechos de violencia que continúan afectando al país, incluidos asesinatos en espacios públicos, secuestros, extorsiones, atentados con explosivos, ataques a instituciones y las persistentes dificultades del sistema penitenciario, evidencian que el crimen organizado mantiene una importante capacidad para planificar y ejecutar acciones de alto impacto.
A mi juicio, una de las principales vulnerabilidades de la estrategia nacional radica en la necesidad de fortalecer la inteligencia estratégica y la inteligencia sectorial del Estado.
La inteligencia no debe actuar únicamente después de que el delito se ha consumado. Su misión es anticipar, identificar, infiltrar, neutralizar y desarticular las amenazas antes de que se materialicen. La verdadera victoria del Estado no consiste en capturar a los responsables después de un crimen, sino en impedir que ese crimen ocurra.
La inteligencia estratégica debe integrar, en un solo sistema de análisis y decisión, la inteligencia militar, policial, financiera, penitenciaria, aduanera, tributaria, migratoria y tecnológica. Solo así será posible comprender el funcionamiento de las organizaciones criminales, anticipar sus movimientos y afectar sus estructuras de mando, sus fuentes de financiamiento y sus redes logísticas.
Pero toda estrategia necesita una evaluación permanente. Cuando los resultados no alcanzan los objetivos propuestos, corresponde revisar con serenidad y rigor no solo los planes, sino también la capacidad operativa, la coordinación institucional y la idoneidad de quienes tienen la responsabilidad de ejecutarlos. La rendición de cuentas y la autocrítica fortalecen al Estado; no lo debilitan.
Con el mayor respeto, me permito sugerir algunas acciones que considero urgentes:
– Disponer una evaluación técnica e independiente de la estrategia nacional de seguridad y de sus resultados.
– Fortalecer el Sistema Nacional de Inteligencia con un verdadero enfoque estratégico y capacidad de anticipación.
– Integrar en un centro nacional de fusión de inteligencia a las Fuerzas Armadas, Policía Nacional y a los organismos responsables de la inteligencia financiera, penitenciaria, aduanera y migratoria.
– Establecer indicadores públicos y verificables para medir la eficacia de las políticas de seguridad.
– Reforzar los controles internos y los mecanismos de integridad para prevenir la corrupción y las filtraciones de información.
– Evaluar periódicamente el desempeño de los equipos responsables de la conducción de la seguridad, realizando los cambios que los resultados hagan necesarios.
– Intensificar la lucha contra las economías criminales mediante el seguimiento del lavado de activos, la extinción de dominio cuando corresponda y el decomiso de bienes obtenidos ilícitamente, siempre dentro del marco legal.
Señor Presidente, la historia demuestra que ninguna nación derrota al crimen organizado únicamente con mayor fuerza. Lo consigue cuando dispone de una inteligencia estratégica capaz de adelantarse a las amenazas, de instituciones coordinadas y de líderes dispuestos a corregir el rumbo cuando los resultados así lo exigen.
La seguridad de los ecuatorianos no admite improvisaciones ni triunfalismos. Exige decisiones firmes, evaluación constante y una estrategia que tenga como prioridad proteger la vida, la libertad y la tranquilidad de todos los ciudadanos.
Ese es el desafío de nuestro tiempo y una responsabilidad histórica que trasciende cualquier gobierno.
Semper Fi
