Opinión

Segunda creación

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil

 

Como hemos dicho anteriormente, el Génesis es un libro de narración mítico-simbólica. La realidad es tan profunda que va más allá. La verdad que prevalece es que hay un Dios que origina y crea, que yo no creo puesto que soy creatura y que desobedecimos a ese Dios Amor. No importa si la creación se hizo en siete días o si el fruto prohibido fue una manzana, lo importante es que el ser humano le dio la espalda al Amor.

Hay un antes y un después del pecado original, si bien nuestra realidad es el pecado, hay que tener conciencia de que hay redención en Jesucristo. En vez de pensar que soy un pecador que a veces se porta bien, tenemos que pensar que soy un redimido que a veces caigo.

En el segundo relato de la creación, aparece un nuevo personaje: la serpiente. El ser humano experimentó de primera mano el amor de Dios, pero le creyó a una criatura inferior. ¿Cuántas veces permito que otros interpreten mi experiencia de amor de Dios? La serpiente descifra lo que Dios había dicho para que Eva dude y es ahí cuando la imagen de Dios se distorsiona. El enemigo ataca con mentiras que parten de verdades a medias. Entonces, Dios llama al hombre (¿el responsable?) y le hace tres preguntas de misericordia como para que piense bien su la respuesta: ¿dónde estás?, ¿quién te ha indicado que estabas desnudo?, ¿acaso has comido del árbol del que te prohibí comer?

Ahí comienza el juego de la coartada perfecta. El hombre le echa la culpa a la mujer y la mujer a la serpiente. Adán falla al no defender su propiedad, aquello que Dios le había entregado como regalo para que lo proteja, en un momento es destruido. Adán bajó la guardia, cerró los ojos y permitió que la serpiente se acercara a Eva a seducirla. Él era el primero que debía custodiar la tierra. Yo comparo este episodio al hombre que se desentiende de su familia y deja a la mujer educar sola a sus hijos. ¡Es muy penoso!

Si el pecado entró por Adán, la salvación viene por Jesús; al mismo tiempo, si la portadora de la desventura es Eva, la portadora de la gracia es María. Por eso en el capítulo tres del Génesis tenemos el Protoevangelio, donde se hace referencia a María y al Salvador.

¡Efesios 5! “Mujeres sométanse a sus esposos” (¡suena fuerte eso!). “Hombres amen a su mujer como Cristo amó a su Iglesia”. ¿Y cómo amó Cristo a su Iglesia? ¡Hasta dar la vida por Ella! Jesús viene a dar la vida por su novia, su Iglesia, cosa que no hizo Adán. Es como si Cristo dijera: “Aquí estoy. Mátenme a mí, pero dejen a mi mujer/iglesia intacta.” El hombre está llamado a dar la vida por su mujer. ¡A dar la vida! (¡eso es mucho más fuerte!) ¿Cuántos de ustedes, caballeros, están dispuestos a hacerlo?