Opinión

Se van a dar cuenta

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

A un cubano que vive en el exterior lo definen ciertas cosas, ciertas preguntas, ciertas acciones. Es normal que alguien te conozca y lo primero que desee saber de ti es el medio de transporte -acuático generalmente- que te acercó a un país o a otro. O por ejemplo quieran saber qué piensas de Fidel Castro, si sufriste los estragos de un periodo especial, o si estás de acuerdo con el modelo socialista del siglo XXI que se está cultivando en Latinoamérica, preguntas que te aseguro uno por sí solo jamás se haría. Nos define el sistema en el que nacimos, y nos definirá el resto de la vida.

Llegas a un país diferente al tuyo y de repente te comienzan a comparar con cientos de miles de otros compatriotas que llegaron antes que tú, o en mi caso después de mí. Las malas o buenas acciones de algunos determinarán tu camino.  La situación se vuelve cada vez más difícil, porque siempre terminarás encasillado en la imagen del emigrante que dejó su tierra de origen para invadir y quitarle el trabajo honesto a un “ciudadano ecuatoriano”. Algunos invierten su tiempo en tratar de conocerte bien llegando a convertirse en grandes amigos, otros sin embargo prefieren tomar el camino fácil de atribuirte cierta reputación sin querer saber si quiera cuáles son tus verdaderas intenciones en este país.

Muy pocos quieren perder tiempo sensibilizándose ante tu situación, prefieren pensar que el egoísmo fue el motor principal que te impulsó para llegar a un país diferente al tuyo con el único objetivo de arrebatarle un empleo más al trabajador local. Otros creen que somos demasiado egocéntricos y alardeamos de nuestro talento para meternos hasta por el hueco de una aguja y prosperar. Todo marcha bien para ellos, hasta que la situación de su propio país los obliga a querer emprender nuevos caminos en el mundo exterior y entonces se ven igual que tú, contemplando la posibilidad de quitarle el trabajo a otro (sea cual sea el país al que se dirijan).

Hoy Ecuador comienza a sentir los pocos estragos de una represión que en realidad no se ha puesto color de hormiga todavía, sin embargo si preguntas por ahí se sienten ya revolucionarios y con miras bastante cercanas al comunismo propio de países como Venezuela o mi Cuba, entonces escuchas al de siempre decir: “ya estamos como los cubanos”, sin saber en realidad lo que eso significa. Siempre he pensado que cuando la situación se vuelva  tan cruda como en la isla, sus ciudadanos se van a dar cuenta, porque hay factores que pueden ser reconocidos hasta por el ser humano que más ignore.

Cuando el país tenga un gran porcentaje de Másteres y  Doctores, endeudados hasta el cuello, y el pedazo de cartón que profesionalmente les da cierto nivel de “conocimientos” y “experiencias” no les sirva para conseguir el sueldo que aspiraban cuando iniciaron sus estudios en aquellas aulas de clases nocturnas, por el espejismo que persigue el país de un sistema igualitario, y aquel diploma no sirva de comida para ti o tus hijos – se van a dar cuenta-

Cuando ir al supermercado sea un acto de malabares y trucos, para que la comida en relación con el dinero alcance o por lo menos tengamos la suerte de encontrar en las perchas ciertos productos básicos que antes teníamos a nuestro alcance sin el mayor esfuerzo – se van a dar cuenta-

Cuando nada les pertenezca y no puedan controlar o cambiar el hecho de que pase – se van a dar cuenta-

Cuando sientas que tu voz no es escuchada y que difícilmente podrás salir a las calles como hasta ahora lo has hecho libremente, si no estás de acuerdo con algo, o el miedo al castigo comience a ser más fuerte que tus ganas de protestar – te vas a dar cuenta-

Cuando el acceso a redes sociales sea restringido, no tengas más plataformas para las burlas y el sarcasmo, y sólo te quede el mal sabor de la impotencia enclaustrada en la garganta   – te vas a dar cuenta-

Cuando no tengas acceso a la vida que acostumbrabas y sientas que cada uno de tus movimientos son intervenidos casi que a control remoto – te vas a dar cuenta-

Porque es muy  fácil hablar, criticar y señalar al desterrado sin saber que padeció. Pero si muy pronto tú llegas a estar en el mismo sitio que estuvo él, seguramente actuarás igual, impulsado por el mismo motor de superación y la lucha incansable de buscar el bienestar de tu familia. Entonces entenderás que nadie te vino a arrebatar nada que tu propio gobierno ahora no te esté empujando a arrancarle a alguien más en otro país que no sea el tuyo.

Todo resulta fácil hasta que el emigrante eres tú. Es cuestión de enfoque.

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