Se terminó el Mundial… ¿y ahora qué?
Por Gioconda Juez/Wuanplus
Guayaquil Ecuador
Durante varias semanas, el mundo pareció detenerse. Las conversaciones comenzaron y terminaron hablando de fútbol, los horarios se acomodaron a los partidos, las familias se reunieron frente a una pantalla y millones de personas compartieron, por encima de sus diferencias, una misma emoción: la pasión por una camiseta, la ilusión de una victoria y la tristeza de una derrota.
Pero el Mundial terminó.
Y ahora, poco a poco, la vida vuelve a la cotidianidad.
Las calles recuperan su ritmo habitual. Los restaurantes y hogares dejan atrás las reuniones alrededor de cada partido. Las banderas comienzan a guardarse y las camisetas de las selecciones vuelven al armario. Ya no hay que preguntar quién juega hoy ni calcular a qué hora debemos detener nuestras actividades para mirar un partido.
Ahora toca volver al trabajo, a las responsabilidades, a las preocupaciones y también a los sueños que, durante un mes, quedaron momentáneamente en pausa.
Pero quizás el verdadero desafío comienza justamente ahora.
Porque el fútbol nos dejó una importante lección: durante un Mundial, millones de personas pueden sentirse parte de algo común. Celebramos juntos, sufrimos juntos y, por unas horas, las diferencias parecen desaparecer. Ojalá pudiéramos llevar esa misma capacidad de unión a nuestra vida diaria.
Ahora debemos volver a ocuparnos de aquello que nos espera.
De nuestros hogares, de nuestros hijos, de nuestros padres, de nuestros amigos. De nuestras ciudades y de nuestro país. De la economía, de la seguridad, de la educación, de la salud y de todos esos problemas que no desaparecieron mientras nosotros mirábamos el fútbol.
La vida continúa y nos reclama presencia.
El Mundial nos dejó recuerdos, emociones y momentos inolvidables. Pero la verdadera competencia no se juega en un estadio. Se juega todos los días, en nuestras propias vidas. Cada mañana tenemos la oportunidad de comenzar de nuevo, de corregir errores, de trabajar por nuestros objetivos y de hacer algo bueno por quienes nos rodean.
Quizás ahora sea el momento de preguntarnos: ¿qué haremos con toda esa energía que pusimos en alentar a nuestra selección? ¿Podemos convertirla en energía para construir, para trabajar, para emprender, para ayudar?
El balón dejó de rodar, pero nuestros sueños siguen en juego.
Que vuelva la rutina, sí. Pero que no vuelva la indiferencia.
Que después de la fiesta mundialista podamos conservar algo de esa alegría compartida, de esa esperanza y de esa capacidad de sentirnos unidos.
Porque el Mundial terminó.
Pero el partido más importante el de nuestra propia vida y el futuro de nuestra sociedad continúa.
Y en ese partido, todos tenemos algo que aportar.
