Realidades

Salma Hayek llama ‘pobre diablo’ a Donald Trump

La embestida de la mexicana contra el ganador del debate republicano, la despedida de Jon Stewart y la selfie de Hilary con Kim Kardashian.

EE.UU. «Cerda», «perra», Donald Trump volvió a insultar a su archienemiga Rosie O’ Donnell en el marco del debate entre los diez republicanos que aspiran a ser candidatos a la presidencia por su partido en 2016. Cuando la moderadora le recordó que él se había referido así a las mujeres, la estrella de Celebrity Aprentice dijo canchero: «Sólo a Rosie». Mientras el público en la convención se reía, la comediante le enviaba un tuit certero: «trata de explicarle eso a tus hijos».

Y entonces apareció la justiciera menos pensada, la mexicana Salma Hayek, que el jueves justo se encontraba en los Estados Unidos promocionando la película El profeta (de Khalil Gibrán) en programas de tevé, y que ya había reaccionado cuando Donald llamó «violadores» y «narcotraficantes» a los mexicanos que entran ilegalmente al país. No es el caso de la actriz, que hace 20 años hizo su debut en Hollywood con Desperado junto a Antonio Banderas. Muy elegantemente, Salma lo llamó “pobre diablo”, «tonto» e «hipócrita» por negarse a ver que los inmigrantes son una fuerza de trabajo muy importante en el país. Y lo acusó de dividir a la gente para favorecer su propia agenda.

El único que desperdició la ocasión de hacerla hablar sobre el hombre del momento (24 millones de personas vieron su debut como candidato presidencial) fue el comediante Jimmy Fallon, que la tuvo de invitada a su talk show la misma noche del debate y prefirió hablar con Hayek de su amor por los perros perdidos. Con esa aparente indiferencia por ocuparse de temas políticos, Fallon le terminó dando la razón a los críticos, que suponen que con la ida de Letterman primero, y la de Jon Stewart ahora, se terminó la incorrección política inteligente en los programas nocturnos.

Estos son los tiempos en que el nuevo dueño de la incorreción parece ser Trump, quien fuera objeto de constante burla en el Daily Show. Eso al menos le dijo el millonario a la moderadora del debate que le recriminaba su maltrato al género femenino: «Ni yo ni el país tenemos tiempo para ser políticamente correctos». Con ese mismo sarcasmo Donald también le pegó a Hillary Clinton, diciendo que la había hecho ir a su boda con Melania porque le había donado mucha plata.

Poco podía desmentirlo la aspirante demócrata a la presidencia porque el jueves estaba en Los Ángeles recaudando fondos para su campaña en una cena, de 2700 dólares el plato, en la que terminó sonriendo en una selfie con Kim Kardashian y Kanye West. «Excitada de ir a cenar con nuestra próxima presidenta», había adelantado Kim en las redes sociales.

Los analistas políticos y de espectáculos no recuerdan un combo tan exótico entre políticos y celebridades de Hollywood, en una elección, desde la década del 80, cuando fue presidente el ex actor Ronald Reagan.

«¿Queda alguien en quien podamos confiar? » tituló la Rolling Stone despidiendo a Stewart, el conductor más jugado de la televisión, que el jueves le bajó la cortina a su programa The Daily Show, después de 16 años y 20 premios Emmy. Se acercaron a saludarlo todos los ex «corresponsales» que tuvo el ciclo (en la línea de CQC), convertidos ahora en pupilos exitosos, como Stephen Colbert, o en estrellas de cine como Ed Helms y Steve Carell. «La única defensa contra las sandeces es estar alertas, porque a la basura se la puede oler», fue el último consejo de Stewart a sus fans, que le pedían que no los dejara solos. (Internet/La Nación)