Tecnociencia

Roma, ciudad del pasado – Entrevista con Alfonso Cuarón

Esquire habló con el director de Roma, Alfonso Cuarón, quien pese a ser uno de los cineastas mexicanos más reconocidos internacionalmente, con esta cinta filmada en blanco y negro está alcanzando públicos de difícil acceso para el cine mexicano, además de una impresionante cosecha de premios.

Por Durden

En su película más personal hasta ahora, Alfonso Cuarón nos lleva a los años setenta con la historia de una familia que vive en la colonia Roma en la Ciudad de México. Esquire platicó con él acerca de los retos de viajar en el tiempo, de la sociedad mexicana de antes y de ahora, y de cómo sus películas han logrado transformar su manera de ver las cosas.

Esquire: ¿Qué fue más complicado, filmar en el espacio o en la colonia Roma? (risas)


Alfonso Cuarón: Viajar en el tiempo (risas). Definitivamente fue mucho más complicado hacer Roma, porque en Gravity los retos eran técnicos. Había una parte de la cuestión narrativa de sostener una película con un solo personaje y poco diálogo, pero lo complicado era, al final de cuentas, que estábamos trabajando en un medio ambiente donde poca gente ha estado, ya que yo no he ido al espacio, obviamente, y muy pocos han ido. Intentamos hacerlo con la mayor precisión posible, y también teníamos algunas convenciones narrativas, en donde básicamente estirábamos la liga, y también son como redes de contención. Esta película, Roma, no tiene redes de contención y además es hablar de una realidad que conozco de primera mano, una realidad muy cercana, y entonces eso hace todo mucho más difícil.

E: Cada vez que vuelves a México, y específicamente a la colonia que nombra la película, ¿qué es lo que más extrañas?

Alfonso Cuarón: No sé si extraño algo. Creo que es ya mi relación con la ciudad, ya que vengo con mucha frecuencia, pero no me había quedado a vivir tanto tiempo como ahora que estuve en la preparación del rodaje de Roma. Más que extrañamiento es el cotejar, es el estar viendo, estar comparando. Por desgracia, para mí la Ciudad de México ya no es una ciudad del presente, todo el tiempo estoy comparando lo que es contra lo que era. Hay todavía un sentido muy grande de sorpresa, no me acostumbro a ver estas transformaciones todavía.

E: En ese sentido, la audiencia de Netflix es mayoritariamente más joven, ¿cómo quisieras que ellos se apropiaran de la película?

Alfonso Cuarón: En ese entonces, Roma era otra comunidad, era la Roña, una colonia en decadencia. Es una película que, a pesar de ser una historia muy íntima, se abre a un contexto que como mexicano se comparte, y aunque no se sea mexicano, de la generación que sea, es una película que sucede en un seno familiar. Por ahí hay una identificación, es una película que trata de mujeres, pero de mujeres en un sentido casi matriarcal, resultado de actitudes de machismo, misoginia y abandono, que a la vez estos matriarcados perpetúan esas actitudes. Creo que por desgracia no se ha roto ese ciclo. Además es una película acerca de la creación de lazos afectivos, y eso es algo que compartimos todos los seres humanos. Trata de cómo la gente aparece en tu vida y se queda para siempre. Gente totalmente extraña, ajena a ti en principio. Creo que ahí hay una conexión universal, estoy seguro.

E: Es una película muy personal, con muchos guiños reconocibles a tu infancia, ¿de qué forma reflejas las memorias de tu madre a través de Roma?

Alfonso Cuarón: Roma fue una experiencia transformativa, tuve que confrontarme a todo un pasado, pero a la vez hacer una película sobre esta realidad que viví de niño… no quise hacer una película que romantizara nada. Yo quise mostrar lo que son mis memorias, y como todas, hay alegres y tristes, y yo no quise poner ningún juicio a ninguna persona, sino ser honesto con esos momentos de la mejor manera posible, ni ensalzar y demonizar a nadie. La vida en sí no tiene juicios morales, los juicios son cosas que la gente impone, pero la vida es y las cosas suceden. Y eso es parte de lo que intenta Roma.

E: ¿Qué cosas consideras que nunca cambian en el país?


Alfonso Cuarón: Hay de las cosas que son cotidianas, que creo son muy satisfactorias. El llamado de los vendedores ambulantes, por ejemplo. Ahora, a lo mejor, hay quienes lo hacen con grabadoras o megáfonos, pero son parte de este sonido que puebla nuestra ciudad. Ya en una cuestión social hay varias cosas que desgraciadamente no cambian.

Una es un problema fundamental que tenemos en México, que es esa perversa relación existente entre clase y raza, ese racismo que unas ciertas clases quieren disfrazar de otra cosa. Creo que es un problema muy fuerte que tiene este país y que crea unas disparidades muy fuertes. Eso no ha cambiado. Hoy en día estamos esperando una transformación, y se supone debería cambiar también otra cuestión que es la impunidad entre las fuerzas del estado y la población.

Y otra cosa es la violencia, aunque creo que desde los setenta para acá definitivamente ha explotado, aunado a la situación implícita del crimen organizado, o crimen en general. Hay otra violencia que ha sido endémica en México, y que es la más cruenta, y es la violencia de la pobreza. Eso no ha cambiado.

E: ¿Piensas que estos problemas son cíclicos o más bien algo que no tiene fin? En la película hay cierta esperanza…

Alfonso Cuarón: En realidad a mí no me importa el mensaje ni tampoco doy clases de historia. Y creo que no se trata de crear juicios al respecto. México no está aparte de la experiencia humana ni de la experiencia histórica. Habría que contestar primero si los desarrollos históricos son cíclicos o lineales, si las experiencias humanas son cíclicas o se evolucionan. Yo no creo en esta idea de progreso desde el punto de vista humanista, en el sentido del hombre por encima de la naturaleza. Creo que somos parte de algo que va evolucionando a partir de sus propias tendencias, buenas o malas.

E: Siempre dices que las películas son transformativas. En este caso, ¿Roma te cambió de alguna manera?


Alfonso Cuarón: Cuando hice Gravity, dije que el mayor cambio fue el color de mi cabello (risas), pero en realidad es una metáfora de otras cosas. Gravity fue además un momento muy difícil en mi vida, más allá de la cosmética. Sí, quizá envejecí con Gravity, y con Roma fue la reexploración de esas llagas que han hecho lo que soy. Tú no puedes acercarte a un dolor y evadirlo, nada se transforma, pero si a ese dolor se le trata de dar sentido entonces sí existe una transformación.

Fuente: Esquiere