Opinión

Rocafuerte en España en 1820

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil

 

Guayaquil tuvo a dos colosos en el siglo XIX, Vicente Rocafuerte y José Joaquín Olmedo. Mientras más los estudios más conozco de sus fortalezas y debilidades. De ambos todavía hay mucho que investigar. Parecería exagerado porque de Rocafuerte, Jaime Rodríguez, Neptalí Zúñiga y Alberto Cordero Aroca han escrito decenas de libros. Pero la realidad es que faltan muchas cartas regadas por el mundo, no hay detalles de su vida en Perú en 1819 y Cuba en 1820. De 1820 en España hay más, pero se desconoce su gestión de empresario que sigue a continuación. También no hay información en otros períodos de su agitada vida.

Estando en Cuba, Rocafuerte viajó a España a solicitud de revolucionarios cubanos y mejicanos que habían estado cooperando entre ellos para lograr sus independencias. Su misión, pagada con su dinero, fue conversar con los legisladores del congreso, el segundo desde 1814 cuando Fernando VII lo clausuró. Rocafuerte debía conocer las intenciones que ellos tenían para negociar una paz duradera con las excolonias, se buscaba una reconciliación con España. Los legisladores le dieron a entender que los hispanoamericanos recibirían un trato justo. Rocafuerte no quedó muy convencido porque había diferentes clases de liberales. Regresó a Cuba a reportar su gestión, pero antes de hacerlo hizo gestiones comerciales.

Conocía que Rocafuerte combinaba con negocios los viajes para luchar por las independencias de la región; pero me asombró que en pocos meses de estadía en España logró que el  congreso aprobara  propuestas como la de la sesión del 28 de octubre: “Las comisiones de agricultura, artes y marina, examinada la exposición de don Vicente Rocafuerte, en solicitud de establecer un barco de vapor en la costa del Perú[…] y para cuya indemnización pide que se le concedan los privilegios siguientes:1) Que se le permita el uso de la bandera extranjera en su viaje;2) que las 100 toneladas de géneros franceses sean considerados como nacionales salidos de puerto español; 3) que se conceda patente por diez años al introductor, sin que nadie en este tiempo pueda establecerlos en los puertos del Perú…” Hubo otros requerimientos como no pagar derechos portuarios en los puertos que ingresaría. La mayoría de las propuestas fueron aceptadas. Para esa fecha la noticia de la Independencia de Guayaquil todavía no había llegado a España. Cuando Rocafuerte hizo la propuesta debió haber hecho estudios previos. ¿Pensó hacerlo con sus propios recursos o ya había conversado con posibles inversionistas? Pero no fue la única solicitud al Congreso, también para que se apruebe “…una providencia del intendente de la Habana concediendo la espera de seis meses para satisfacer los derechos que adeudase la extracción del tabaco…” Rocafuerte fue, sin duda alguna, gran empresario con negocios donde visitó o vivió. Fue visionario, se adelantó al futuro. Intentó por todos los medios de promover una empresa naviera a vapor a nivel hispanoamericano, lo hizo dos décadas antes de que William Wheelwright creara la Pacific Steam Navigation Co. que por décadas dominó los océanos Pacífico y Atlántico que bordeaban América Latina. Igual situación ocurrió cuando trató de convencer al gobierno mejicano usar el gas para iluminar las casas. No lo logró, pero sí lo tuvo en su casa. No se ha hecho un estudio de qué sucedió con la enorme fortuna que tuvo. Lo que heredó su viuda fue una parte de los dineros que manejó. El resto lo usó para financiar periódicos y publicaciones de los conspiradores hispanoamericanos que luego se convirtieron en próceres en sus respectivos países. También viajes y estadías, en una ocasión charteó un barco para traslado de tropas.