Opinión

Rocafuerte empresario

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil.

 

Hay centenares de libros biográficos de Vicente Rocafuerte, pero no existe ninguno sobre su vida empresarial ni visión de empresario dentro de las funciones públicas ejercidas. Se ha escrito sobre su gestión como Presidente de Ecuador, Gobernador de la Provincia de Guayaquil, diplomático  y escritor. Muy pocos conocen al Rocafuerte agricultor, minero, comerciante y exportador. ¿Por qué no se ha publicado un libro de esas etapas de su vida? En países del Tercer Mundo, erróneamente los historiadores, intelectuales y  escritores menosprecian la actividad empresarial e ignoran que sin ella, no habría puestos de trabajo ni recaudación de impuestos.

Rocafuerte estaba destinado  a ser quizá el más importante guayaquileño del siglo XIX y entre los cinco más grandes en la historia del país. Nació en un hogar muy rico. Sus padres fueron Juan Antonio Rocafuerte y Antolín,  y Josefa Rodríguez y Bejarano. Los Bejarano tenían enormes extensiones de tierras agrícolas, flota de barcos, empresas de exportación e importación. Sus estudios los hizo en los mejores colegios europeos habiendo conocido a personas que décadas después serían pensadores y actores de la independencia americana, entre ellos Bolívar, quien le envía una carta desde Bogotá, el 10/1/1821. “ Mi querido Rocafuerte: Por fin tengo el gusto de escribir a Vd. ¿Se acordará Vd. que soy un antiguo amigo? Siempre me he acordado, y me acordaré que Vd. lo es mío, y que no puede dejar de serlo; pues ¿por qué no me ha escrito Vd.? Vd. debía ser patriota, honrado y el hombre de la naturaleza, como yo lo he llamado. ¿Por qué es Vd. ingrato?…” Rocafuerte, teniendo un carácter tempestuoso, similar al de Bolívar, no podía llevarse bien con él. Numerosas cartas lo confirman. No hubo otro ecuatoriano que haya tenido amistad con lo más representativo de la sociedad europea, estadounidense y latinoamericana. Rocafuerte pasó cerca de 50% de su vida en el exterior.

Juan Antonio, fue empresario y ocupó altos cargos públicos en la provincia de Guayaquil. Se convirtió en minero cuando fue adjudicado el monopolio de depósitos de brea y minas de sal en la península. El historiador de Santa Elena, Virgilio Drouet ofrece otra versión en un escrito de 1945, que Juan Antonio fue dueño de Santa Paula, lugar de las minas de brea, en Carolina, a pocos kilómetros de Salinas. La madre de Rocafuerte fue dueña de  Papayal que incluía Naranjito, Conducta y Venecia, inmensos fundos que hoy corresponden a los cantones  Naranjito, Yaguachi, Milagro, Jujan, Marcelino Maridueña, Bucay, el camino hacía Naranjal y El Triunfo. El enorme predio  producía cacao, algodón, caña de azúcar, maderas fina, tabaco, y cría de ganado. Parte de la producción se industrializaba y se exportaba aguardiente, cacao y tabaco. Papayal, a pesar de haber sido gran grande e importante, hay pocas investigaciones históricas sobre ella, la más confiable es de Julio Viteri Gamboa, prestigioso arqueólogo. A la muerte de su madre en 1823, Rocafuerte heredó Conducta,  que incluía 150 mil árboles de cacao.

Su actividad empresarial comenzó  en 1807 al regresó a Guayaquil, después de permanecer 14 años en Europa, tenía 24 años. Siendo el único varón en su familia y  fallecido su padre, tuvo que atender los negocios; se dedicó a dirigir las propiedades. En 1812 viajó a España y regresó a Guayaquil en 1817. En ese y posteriores viajes aprovecharía para vender los productos cosechados en su hacienda. En el puerto retomó sus actividades empresariales. En 1819 partió a Perú, Cuba, España, Estados Unidos, Méjico, Estados Unidos, Méjico y finalmente Gran Bretaña y su ausencia de 14 años. En toda nación que visitó, Rocafuerte se relacionó con las personas más importantes. Su regreso a Guayaquil fue en 1833 para entrar de lleno en la política ecuatoriana. Su último viaje lo haría a Lima en 1843 donde falleció en 1847.

Haber vivido en Inglaterra y Estados Unidos, cunas del progreso humano  y  tecnológico, proporcionó a Rocafuerte enorme ventaja sobre cualquier otro latinoamericano, una visión de cómo debían manejarse las  jóvenes repúblicas; había una brecha de visión con sus compatriotas, no lo podían entender; Jaime Rodríguez, prestigioso estudioso de Rocafuerte, lo describe como verdadero hombre de la Ilustración y agrega: “Siempre que le era posible trataba de aprender sobre máquinas y técnicas nuevas, así como de difundir conocimientos útiles en la América Española.  A su costa enviaba modelos de maquinaria industrial y agrícola a los nuevos países; también publicó textos prácticos  para su uso en América y pagó el entrenamiento de algunos americanos en Londres. Su curiosidad e interés en la educación y tecnología le granjearon cierta notoriedad”. El nivel de conocimiento y cultura de Rocafuerte fue muy superior al de sus compatriotas. Era un gigante entre ellos. Pocos habían salido al exterior a estudiar en otros países o simplemente a viajar y conocer lo que pasaba en el mundo exterior. Para triunfar como estadista o empresario se debe tener visión y la de Rocafuerte fue extraordinaria. Él creyó en el progreso, era deber patriótico observar con ojo crítico los adelantos que se daban en Estados Unidos e Inglaterra.  Para él había que repetir el éxito de esos países en su América Latina.

Durante los años que residió en esas naciones, se interesó en modernizar la región; envió a Caracas un modelo a escala, de máquina para extraer gases de los minerales. Él pensaba que se podía utilizar para iluminar ciudades; a otras ciudades de la región mandó  modelos de telares, máquinas desmotadoras de algodón y molinos de viento. Intentó promover una empresa naviera en todos los países bolivarianos. Como las gestiones de  Ricardo Wright, enviado por Rocafuerte a Londres no lograron conseguir inversionistas ingleses para reactivar  las  viejas minas  de  Pillzhum  cerca  de  Cuenca, promovió la constitución de la empresa que explotaría las citadas minas. Logró interesar a 34 inversionistas quienes junto con él aportaron 17.000 pesos, siendo su aporte de 1.000 el mayor. Para poner el capital a valor presente, a fines de los treinta, Ecuador exportaba anualmente 500.000 pesos.

Teniendo sangre de agricultor, como Presidente  estableció el Instituto Agrario para funcionar como escuela de agricultura y así » levantar el arte de labrar la tierra»;  se lamentaba de que si los ecuatorianos no hacían el esfuerzo para  incursionar en tareas agrícolas para  enriquecer el país, […] nunca saldremos de la pobreza en que estamos sumidos». En la costa no existía suficiente mano de obra  para desarrollar los cultivos, los propietarios de haciendas clamaban por trabajadores. Para solucionar tan grave problema él trató de invitar a 300 agricultores alemanes con la finalidad de ellos desarrollar cultivos de café, algodón y tabaco. Según Rocafuerte, al cabo de 5 años, podrían cosechar 50.000 quintales de café valorados en 400.000 pesos, 60.000 quintales de algodón en 600.000 pesos y 12.000 quintales de tabaco en 240.000, dando un total de 1,240.000 pesos. Estas cifras contrastaban con la realidad agrícola; en ese año, las exportaciones de café fueron 700,   algodón 8.000 y tabaco, 38.000, pesos respectivamente. Rocafuerte quería extender el número de colonos alemanes a 7 u 8 mil. El pasaje de cada uno era 100 pesos. Los jornaleros alemanes ganarían 4 reales diarios, valor que les permitiría cancelar el pasaje durante los 4 años que trabajarían en Ecuador. Rocafuerte convocó a  agricultores y comerciantes para exponer el proyecto; fue aprobado por unanimidad, pero al momento de la subscripción, no todos estuvieron de acuerdo en el valor del pasaje, contra ofrecieron 80 pesos y el capitán del barco no aceptó. Los planes del visionario Rocafuerte quedaron  sólo en deseos.

Rocafuerte fue  un constructor formidable, no aceptaba vivir en un mundo de sólo expectativas.  Trajo al país la Pacific Steam Navigation Co (ver Memorias Porteñas 16), primera empresa de barcos a vapor y con itinerario en la región; ordenó la construcción de 52  locales alrededor de la aduana de Guayaquil para arrendar a comerciantes. Promovió y fue accionista junto con otros de la Compañía Ecuatoriana de Buques a Vapor con capital de 50.000 pesos, propietaria de Guayas, primera nave a vapor ecuatoriana destinada al comercio; se terminó vendiendo al Gobierno convirtiéndose en nave militar. Rocafuerte también convenció a un estadounidense de Baltimore para instalar y administrar un taller mecánico industrial   construido en lo que hoy es Avenida Olmedo. En Méjico estableció la primera planta de gas para iluminar una casa.