Opinión

Rocafuerte, diplomático hispanoamericano

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil

 

No todas las personas son idealistas, no todas toman riesgos y no todas están dispuestas a invertir dinero propio en cumplir metas difíciles de conseguir. Es muy escasa esta clase única de seres humanos gracias a quienes el mundo progresa en riqueza intelectual y material. Vicente Rocafuerte fue uno de ellos, máximo exponente de idealismo; pudo haber tenido una vida fácil de grandes comodidades, su padre fue un próspero empresario y su madre seguramente la mujer más rica de Guayaquil; no tenía que arriesgar su vida, como ocurrió un par de ocasiones, la primera en España y la segunda en Méjico, ni estar en prisión como sucedió en Perú, cuando era virreinato, y Méjico. Pero estaba consciente que siendo el guayaquileño más ilustrado, por sus estudios en Europa y viajes por numerosos países, tenía la responsabilidad de usar sus conocimientos en ayudar a la liberación de la América Española y modernizar esa vasta región a través de modernas leyes y uso de tecnologías inglesa y estadounidense. Rocafuerte no sólo se sentía guayaquileño, se consideraba hispanoamericano y como tal veía la necesidad de ofrecer sus servicios a otras regiones desde Río Grande hacia el sur. Su enorme interés por introducir el pensamiento liberal en la región debe haber surgido desde que estuvo en las cortes de Cádiz como representante de la Audiencia de Quito.

Después de Ecuador, Méjico fue el país con el cual más se identificó. La última extensa ausencia de su país ocurrió entre 1819 y 1833, cuando Rocafuerte vivió en Méjico, Inglaterra y Estados Unidos. En algo más de una década Rocafuerte se relacionó con los más importantes pensadores de cada país, escribió numerosos libros sobre ideas liberales, republicanas y religiosas, participó indirectamente en la abdicación de Agustín Iturbide y cumplió funciones diplomáticas. Como soñador, el tema económico no era su prioridad, sus innumerables viajes y trabajo por la libertad le significaron fuertes egresos de dinero en los doce años de ausencia. Rocafuerte no viajaba solo, necesitaba numerosas personas para llevar baúles con su ropa, libros y documentos. La mayoría eran empleados españoles, llegando a usar hasta cuarenta mulas en uno de sus viajes terrestres. En sus desavenencias con Juan José Flores, éste pagó a José Antonio Irrisari, periodista guatemalteco para atacar a Rocafuerte alegando que había depredado su fortuna, hecho que no era cierto, pero si usó gran parte de ella en su lucha por la libertad, mientras Flores a título de la libertad, hizo fortuna en forma dudosa. ¿De dónde sacó dinero para tener numerosas haciendas?

Rocafuerte fue llamado a Méjico para combatir a Iturbide, como años antes lo habían llamado a Cuba. Él ya era conocido como uno de los grandes pensadores hispanoamericanos; sus logros eran seguidos pues se sabía que era un americanista convencido. Manuel Monteros Valdiviezo, lojano que vivió en Cuba desde los años treinta del siglo pasado, se dedicó a estudiar las actuaciones de Rocafuerte en la isla y luego escribió: “Ni su verba ni su pluma permanecieron inactivas. Y sus numerosos viajes contribuyeron eficazmente en el acercamiento de su intelecto, de sus condiciones de sociólogo, estadista y gobernante, de erudito y políglota…fue uno de los pocos infantes políticos de recia envergadura y de granada relevancia que haya tenido Ecuador. Y es que en este preclaro hijo […] concurrieron una serie de factores especiales de cuna: nobleza de linaje, fortuna, talento, educación esmerada, amén de un conjunto de valiosas prendas aparejadas en lo moral y espiritual. Ellos hicieron de él uno de los americanos más conspicuos en el ínterin de los postreros años coloniales y la aurora de la era republicana”.

Rocafuerte era enemigo de la tendencia prevalente en los países que se estaban independizando de crear monarquías republicanas que terminaría en absolutismo. José Antonio Aguilar en su ensayo ¿República o monarquía? Rocafuerte, del Río y el sistema representativo en Hispanoamerica, al referirse al tema escribe: “En ningún país americano tuvo el republicanismo que enfrentarse a la alternativa monárquica como en México. A la consumación de la independencia los republicanos temían que Agustín de Iturbide estableciera un gobierno absolutista. Una sociedad secreta de Veracruz, de la que formaba parte Carlos María de Bustamante, acudió al grupo de La Habana en busca de auxilio. Los republicanos deseaban evacuar a las tropas españolas que se habían rendido lo antes posible para evitar que fueran utilizadas por Iturbide. Así, le pidieron a Rocafuerte que viajara a los Estados Unidos para intentar conseguir barcos que sirviesen a ese propósito. También le pidieron escribir un tratado a favor de la república para contrarrestar las tendencias monárquicas en el país. En mayo de 1821 partió hacia el norte. En Filadelfia encontró con Servando Teresa de Mier y a otras personalidades. Después de un breve, pero intenso periodo de inmersión en las instituciones y cultura angloamericanas, Rocafuerte escribió el ensayo solicitado por los mexicanos”. Rocafuerte quedó impresionado de los Estados Unidos. No fue el único intelectual que se convenció del sistema político y económico de ese país. Un decenio después, el francés Alexis de Tocqueville vivió en Estados Unidos y escribió Democracia en América, obra que todavía se estudia en universidades. La coronación de Iturbide fue duro golpe para los republicanistas, con Rocafuerte a la cabeza. Sus amigos mejicanos nuevamente le solicitaron viajar a Estados Unidos para evitar que Washington DC reconociera diplomáticamente a Iturbide. Primero llegó a La Habana donde escribió su obra Bosquejo Ligerísimo de la Revolución Mexicana. En su escrito se expresa del emperador en duros términos: tirano depravado y sádico, conspirador del trono de manera fraudulenta. Terminaba su obra afirmando que los mejicanos no querían monarquía, sino gobierno republicano.
Con la caída de Iturbide y el ascenso de Guadalupe Victoria, a la presidencia de Méjico, 1824, Luis de Michelena fue nombrado ministro plenipotenciario de Méjico en Inglaterra y Rocafuerte secretario e intérprete, pues era políglota.

Antes del viaje el Congreso le extendió la ciudadanía mejicana. El primer objetivo era conseguir el reconocimiento del gobierno más poderoso del mundo y otras potencias europeas, y obtener préstamos. En enero de 1825, después de largas gestiones George Canning, Secretario del Foreign Office (Relaciones Exteriores), firmó el documento de reconocimiento. Ese año Michelena regresó a su país y Rocafuerte quedó como Encargado de Negocios. El reconocimiento se debió a la personalidad y habilidad de Rocafuerte; el gobierno mejicano quedó tan impresionado que también lo nombró Ministro Plenipotenciario en Dinamarca y Gobierno de Hannover, a esa época Alemania no estaba unificada.

Durante su estadía en Londres, Rocafuerte logró firmar el Tratado de Comercio con Inglaterra y obtener un préstamo para Méjico. La negociación fue con Barclay-Herring & Co, uno de los grandes bancos ingleses; con parte del préstamo compró tres navíos destinados a Veracruz, en el castillo de San Juan, donde se encontraba el último reducto español en México. Desde 1825 el mercado financiero inglés fue duramente sacudido por la especulación de inversionistas ingleses en la compra de bonos e inversiones fracasadas en la antigua América Española. El resultado fue la caída del valor de los bonos, y quiebra de Goldschmidt, otro importante banco londinense. En esa institución financiera Gran Colombia había depositado más de 200.000 pesos que no recuperó. En esas circunstancias Bogotá tenía que hacer pagos del dividendo de la deuda y no contaba con los fondos. Manuel José de Hurtado, representante de Gran Colombia en Inglaterra visitó a Rocafuerte solicitándole 63.000 libras esterlinas, para hacer el mencionado pago. Rocafuerte envió carta al gobierno mejicano pidiendo autorización y daba como argumento que Chile y Colombia habían ayudado con soldados y dinero a la independencia de Perú y ahora Méjico debía extender “una mano benéfica”. Sin la autorización, Rocafuerte en 1826 procedió a dar la orden a Barclay-Herring & Co de cancelar los dividendos. En comunicación a Hurtado, Rocafuerte escribía: ”Aunque no tengo instrucciones para un caso, tan imprevisto como urgente, sin embargo, estoy tan penetrado del espíritu de generosidad de mi gobierno y de su vivo deseo de contribuir con sus caudales, sus armas y cuantos medios están a su alcance a la consolidación de su Independencia y a la prosperidad de todos los nuevos Estados y especialmente al sostenimiento de su crédito…”José Joaquín Ramírez en su obra publicada en 1930, El empréstito de México a Colombia comenta:

“Semejante acto, que había realizado fuera de sus instrucciones y facultades ,no mereció la aprobación del Ministro ni Presidente…” Esta decisión fue duramente criticada en Méjico, pero no al extremo de cancelarlo y continuó representando a Méjico hasta 1829. El préstamo hecho por Rocafuerte fue llamado Deuda Rocafuerte, numerosos gobiernos trataron de cobrarla. Lograron en 1834 que Venezuela. Colombia y Ecuador se dividieran el pasivo. Colombia terminó de pagar en 1857, los demás países se negaban a hacerlo. La deuda fue cedida a Martínez del Río y Hermanos quienes a través de un laudo arbitral consiguieron que Venezuela pagara en 1903. A 1943, en un viaje presidencial Carlos Alberto Arroyo del Río pasó un mal rato cuando le reclamaron por no pagar la deuda.

Niles National Registry en su edición de 1833 escribió que Rocafuerte renunció para regresar a su tierra y enfrentar al tirano Juan José Flores, como efectivamente ocurrió en 1833. Sin lugar a dudas Rocafuerte fue un coloso y se encuentra entre los ciudadanos más importantes de América Latina de su época. No hay otro ecuatoriano que haya tenido su influencia y prestigio internacional.