Opinión

Rocafuerte, de aristócrata ilustrado a conspirador contra la monarquía española

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil

 

Mi interés de investigar la vida de Rocafuerte no ha sido por su vida política en Ecuador, se ha escrito mucho sobre ella, existen centenares de libros, ensayos y artículos. De su hacer como Alcalde, Gobernador, Presidente y Legislador no hay más que conocer. Me interesó su vida empresarial y qué había hecho con lo heredado. Quería saber cómo habiendo tenido inmensa fortuna, al morir gran parte de ella no existía; su viuda reclamó al Gobierno dineros que le adeudaba a su esposo por representar a Ecuador en Perú en sus últimos años. Hasta su participación en las cortes de Cádiz seguía siendo muy rico. En la obra, Los diputados americanos en las Cortes de Cádiz, su autora Marie Laure Rieu-Millán proporciona datos de cada diputado, como edad y condición económica; en ésta el único mencionado con nombre y apellido es Rocafuerte: “No es fácil determinar las fortunas personales de los diputados. Algunos eran ricos[…]los diputados de Lima, o el de Guayaquil, Vicente Rocafuerte, eran muy ricos; los de las regiones andinas, en cambio, tenían bienes muy modestos”.

¿En qué invirtió su dinero? La respuesta debería encontrarse en los numerosos años que vivió como adulto en el exterior; en Méjico, Estados Unidos, Inglaterra, España, Italia, Francia, Cuba, Perú, Rusia y otros países. Rocafuerte, soñador e idealista, a quien no preocupó acumular dinero, lo usó en intentar que las repúblicas al surgir de la América española tuvieran gobiernos liberales. También invirtió su capital en vender la idea a las nacientes repúblicas sobre la importancia de la tecnología, como cuando vivía en Méjico,1830, propuso el alumbrado público en la capital usando gas. Él había vivido en Londres y conocía que la misma lo tenía desde 1810; veía en el revolucionario alumbrado un símbolo de civilización y activación económica. En 1831 construyó un edificio con iluminación a gas, primero en Méjico; en la planta baja puso un restaurante. Le gustaba vivir de acuerdo a su nivel social. Más de una ocasión fue confiscada carga de exportación de su propiedad.

En ediciones anteriores de Memorias Porteñas escribí sobre Rocafuerte como escritor (MP77), diplomático (MP51), empresario (MP38). La presente es un nuevo aporte a la vida de este singular guayaquileño. De él no sólo en Ecuador se continúa escribiendo, otros países lo siguen haciendo, especialmente Méjico donde es reconocido como prócer. En todos los libros sobre los independentistas que participaron en la liberación de la América española, aparece el nombre Rocafuerte. En Historia de los intelectuales de América Latina por Carlos Altamirano y Jorge Myers, hay abundante información sobre el ilustre guayaquileño.

Rocafuerte no estuvo entre los primeros en escribir sobre la independencia de la América española. Dos décadas antes otros fueron los primeros ideólogos contra la tiranía de la monarquía española. El sacerdote peruano Juan Pablo Viscardo Guzmán, desde la Rebelión de Tupac Amaru II en 1780, fue uno de los primeros en vincularse con europeos interesados por la independencia de nuestra región. En 1791 escribió una proclama a los habitantes de la América española. A continuación una sucinta historia de Rocafuerte como conspirador contra la monarquía. En 1811 Rocafuerte salió de Guayaquil rumbo a Londres donde conoció a los mejicanos Francisco Fagoaga Villaurrutia y su hermano, a quienes sus padres habían enviado a estudiar en Europa. Sobre esta amistad, Jaime Rodríguez afirma: “Los tres tenían mucho en común: eran partidarios de la autonomía de sus respectivas patrias, además de ser jóvenes educados y ricos, de gustos refinados, y de hallarse sedientos de nuevas experiencias”. Estando en Londres, Rocafuerte leyó el discurso de Olmedo sobre las Mitas y lo publicó con sus propios recursos, con introducción elaborada por él dirigida a los indios americanos. Él y los hermanos Fagoaga viajaron por el norte de Europa; conocieron a personajes importantes, incluyendo la realeza. En el viaje supo haber sido nombrado diputado en las Cortes de Cádiz y al llegar a Madrid, 1814, la Constitución elaborada por las Cortes había sido promulgada. Estableció amistad con otros novohispanos que creían en principios liberales y habían participado en la redacción. Entre ellos, Miguel Ramos Arizpe, Florencio del Castillo, Antonio Larrazábal y José María Gutiérrez. Por donde viajaba Rocafuerte expandía su red de intelectuales liberales.

Meses después el Rey Fernando VII regresó de su cautiverio en Francia. Al disolver las Cortes de Cádiz el rey pretendió apresar a algunos participantes. Rocafuerte huyó de España por temor a ser detenido, él rehusó tener contacto alguno con Fernando VII. A esa fecha Rocafuerte tenía claro su principal objetivo; participar activamente en la Independencia de la América Española. Él no tenía necesidad de regresar inmediatamente a Guayaquil por falta de fondos, como ocurrió con la mayoría de los diputados; contaba con dinero suficiente para pasarse tres años recorriendo Italia y otros países europeos. No hay mayor información de lo que hizo. Regresó a Guayaquil en 1817, donde apenas pasó dos años, luego zarpó para no regresar en 14 años. Cuando en 1819 dejó Guayaquil había hecho suficientes contactos en el exterior y conocido a muchos que pensaban como él, seguramente estaba convencido de haber sido predestinado para ayudar a la liberación de la América española. En Cuba restableció relaciones y conoció a otros personajes: José Antonio Miralla y José Fernández de Madrid. Participó en algunas actividades de conspiración. Rocafuerte se involucró activamente dentro y fuera de las fronteras de Méjico y Cuba en la planificación de la Independencia.

Rocafuerte lideraba la idea de que se debía homologar el republicanismo en todas las nuevas repúblicas, desterrar el divino origen de la soberanía de los reyes e implementar el liberalismo republicano e instituciones estadounidenses. El mismo Rocafuerte definía su rol: “No soy, ni pretendo ser un literato, soy un simple patriota lleno de entusiasmo por la libertad, la gloria y prosperidad de América, mi patria”. Agregaba que había abandonado el valle de Tenochtitlán por el Potomac que estaba cerca del “…sagrado sepulcro del héroe de los siglos, el grande, el inmortal Washington”, finalizaba invitando a los mejicanos valientes a “…consultar sus veneradas cenizas y a su aspecto volveréis a templar vuestra alma. Este es el oráculo verdadero de la virtud y la libertad”.

En numerosas ocasiones los conspiradores temieron por su muerte, unos fueron apresados en más de una oportunidad. La recia personalidad de Rocafuerte y seguridad en sí mismo, lo convirtió en uno de sus líderes. Su rol incluyó escribir y publicar libros de su autoría, financiar impresión de libros de sus amigos revolucionarios, ayudar económicamente a quienes necesitaban apoyo financiero; traducir al español libros escritos por patriotas estadounidenses, y publicar artículos en diarios de terceros o de su propiedad. También fletó barcos para apoyar la Independencia. Los conspiradores comenzaron leyendo el pensamiento europeo y terminaron abrazando las ideas federalistas estadounidenses. Además de los ya mencionados estaban Fray Servando Teresa de Mier, Félix Varela, Andrés Bello, Manuel Lorenzo de Virraude y José María Heredia. Rocafuerte fue fundamental en la caída de Iturbide en México y en ayudar a trazar el camino a la república, con el apoyo de sus amigos mexicanos Miguel Ramos Arizpe y Miguel Santa María. De entre todos, Rocafuerte tuvo estrecha amistad con Mier a quien financió en diferentes formas, incluyendo tratamiento de salud, pasajes y publicación de libros. Lo ayudó a escapar de Cuba, donde había sido capturado, y llegar a EEUU, seguramente viajaron juntos. Mier fue de gran talla intelectual, se ubica entre los grandes de la Independencia hispanoamericana.

Los revolucionarios se movían de ciudad en ciudad a través de sociedades secretas en diferentes países. En Londres, la casa de Francisco de Miranda, el más famoso de los próceres de América Latina, era el centro de reunión para conspirar contra la monarquía española. Cuba era otro centro de conspiración y finalmente en los últimos años, Filadelfia-EE.UU. Escogieron esta ciudad por estar equidistante entre Washington D.C. y New York, era un centro de publicación y vivía Manuel Torres, quien actuaba de intermediario entre los revolucionarios y comerciantes, Gobierno estadounidense y otros contactos, especialmente voluntarios que en diferentes formas ayudaron a la causa independentista. Torres, español, vivía en Filadelfia desde 1796, el primer diplomático, de lo que luego sería América Latina, en ser oficialmente reconocido por el Gobierno de EEUU. Entre sus actividades les daba hospedaje a los conspiradores contra la monarquía española y los indoctrinaba. Torres colaboraba con Bolívar, actuaba de agente de compras de armamento, municiones, uniformes, comida, etc. Luchó para lograr que EE.UU tuviera estrecha relación con las nuevas repúblicas americanas. Pero ese Gobierno mostraba neutralidad. Conoció a las figuras más importante de la política estadounidense como James Monroe, John Quincy Adams y Henry Clay, a quienes inspiró confianza y lo ayudaron en forma no oficial, permitiendo que las empresas le vendieran lo que Bolívar necesitaba. Más de una ocasión los pagos se iniciaron con tabaco exportado de Gran Colombia. Torres se movía en los círculos sociales y diplomáticos de Washington DC. El 19 de junio, 1822, Gran Colombia fue reconocida. Un mes después Torres falleció. Fue enterrado con honores militares.

Rocafuerte terminó su misión en Inglaterra, 1829, regresó a Méjico; fue en 1833 cuando retornó a Ecuador. Había concluido su etapa de independentista. Michael Christopher Domínguez en su libro, Vida de Fray Servando Teresa de Mier, al expresarse de Rocafuerte afirmaba que tenía “… la pluma más venenosa de la América Septentrional…” Volvió a usarla entre 1843 y 1845 en sus cartas A La Nación para ayudar a derrocar a Juan José Flores.