Riesgos para Ecuador ante los nuevos gobernantes de Colombia y Perú
Por: Cmte. Raúl Hidalgo Zambrano
La llegada de nuevos presidentes en Colombia, Abelardo De la Espriella, y Perú, Keiko Fujimori —con políticas duras contra el narcotráfico— intensificará la presión sobre las organizaciones criminales transnacionales en la región, que incluye a Ecuador.
Algunos analistas en seguridad concuerdan en llamar a los resultados de esta presión como los producidos cuando se aprieta con las manos, sin reventarlo, a un globo común usado en fiestas, resumiéndolo como “efecto globo”. También la resumen con la frase “efecto cucaracha”, que recuerda las imágenes de cuando estos insectos corren en varias direcciones huyendo de una fumigación necesaria por salubridad. Ecuador debe pinchar y reventar el globo o no permitir que la presión aumente; además, debe seguir fumigando las cucarachas nacionales e incrementar su capacidad de fumigación de las extranjeras.
Ecuador desde enero de 2024 atraviesa oficialmente un “conflicto armado interno” ante la escalada de violencia de bandas como Los Choneros, Los Lobos, Tiguerones y otras estructuras criminales transnacionales violentas, calificadas como organizaciones terroristas.
Las Fuerzas Armadas están participando en apoyo a la Policía Nacional (la cual se sigue declarando sobrepasada por el crimen); han desarticulado, capturado o eliminado a jefes de las bandas. Sin embargo, el liderazgo se ha fragmentado, apareciendo nuevas bandas; a esta situación la llamaré “efecto medusa”, recordando la mitología sobre cómo la cabeza de Medusa, que al ser cortada por Perseo no perdió su poder, sino que lo multiplicó —convertida en arma, en escudo, en símbolo de protección y terror—. Así el crimen organizado en Ecuador se ha fragmentado: las nuevas bandas surgen de la descomposición de la cabeza caída del capo original, conservando la capacidad violenta de matar, petrificar o paralizar del miedo a quien se oponga a sus intereses.
Se conoce que a Ecuador lo califican algunas organizaciones internacionales legales, como un punto geográfico estratégico que se ha consolidado como principal acopiador y exportador de cocaína a Europa y Estados Unidos, alcanzando un 40 % de aproximadamente 2.700 toneladas de la producción colombiana. Si el nuevo gobierno colombiano empieza a cumplir su anunciada política de “mano dura” contra el narcotráfico y “fumigación” de las plantaciones de coca, nos permite avizorar que se incrementará en los siguientes meses la presión sobre Ecuador, por el desplazamiento a nuestro territorio de un mayor porcentaje de cocaína, de los cultivadores de coca y de las víctimas colaterales.
En conclusión, la llegada de los nuevos presidentes de Colombia y Perú es una oportunidad para consolidar una fuerte cooperación trinacional con el fin de enfrentar los violentos efectos: “globo”, “cucaracha”, Medusa u otros. ¿Estaremos preparados para afrontar los riesgos de un tsunami humano y cocalero?
