Opinión

Ricos bolones a la riobambeña, en la Alborada

La jornada laboral de la riobambeña Elvira Aynaguano, de 37 años, comienza a las 05:45. Y hasta el mediodía, sus manos no dejan de trabajar. Amasa verde, le da forma a los bolones, atiende a los clientes y hasta cobra los pedidos.

Ella es una mujer trabajadora y, sobre todo, madrugadora, por eso su local, abierto hace 17 años en la Alborada, en el norte, se llama El Mañanero.

Esta emprendedora chimboracense se considera una autodidacta de la cocina costeña. “Aprendí sola, he intentado de todo en la vida. Antes así mismo vendí empanadas y viendo, aprendí todo”, menciona Elvira.

A las 10:00, el negocio ubicado en la séptima etapa de la Alborada, en la calle José Egas Miranda (atrás de Tía), está repleto. A esa hora hay moradores, transeúntes y trabajadores de la zona formando fila para hacer sus pedidos para llevar. Y dentro del local ya no hay sitio en las mesas.

Elvira no puede tomarse un descanso durante toda la mañana. En 15 minutos, la bandeja en la que se colocan los bolones queda vacía; en medio del trajín, su hija, su concuñada y el hijo de su esposo la ayudan. Pero es ella la dueña de la sazón.

“Gracias a Dios y al esfuerzo que uno ha hecho, el negocio va bien. La gente ya conoce la sazón, yo no llevo la cuenta de cuánto se vende, pero son cientos”, cuenta.

A pesar de que la especialidad de su local son los bolones de queso, de chicharrón y los mixtos, en el sitio también se venden tortillas y empanadas a base de verde, fritada, bistec y jugos naturales. Además, el cliente puede pedir platillos en combo. Por ejemplo, un bolón mixto con huevo frito, café o jugo cuesta $ 2,75.

“Yo soy cliente fija, vivo por aquí y vengo porque la comida es muy buena, además los precios son accesibles”, comenta Dalia Zurita.

Aynaguano recuerda que comenzó a trabajar desde los 12 años, cuando llegó a vivir en Guayaquil, y al ver su local repleto se siente orgullosa de lo que ha alcanzado. “Desde pequeña he trabajado en todo, porque en la vida uno aprende de todo. Comencé vendiendo jugo de coco en la 9 de Octubre, luego vendía en el mercado de la Pedro Pablo Gómez y ahora estamos aquí”, relata.

Hay temporadas buenas y malas como en todo negocio. No tenemos competencia, pero si hubiera, la gente ya conoce el lugar y nos prefiere”.

Fuente:  EL UNIVERSO