Opinión

Revocatoria del mandato… pero también de la credibilidad

Dr. Jorge Alberto Norero González/Guayaquil.

 

 

Las recientes declaraciones de Jaime José Nebot, en las que afirmó que si el candidato que impulsa para la Alcaldía de Guayaquil no cumple, en apenas un año, con su promesa de rescatar a la ciudad del descalabro en que —según él— la dejaron Cynthia Viteri y Aquiles Álvarez, deberá enfrentar una revocatoria del mandato, merecen una reflexión serena y varias preguntas que todo ciudadano tiene derecho a formular.

La primera resulta evidente. Si en apenas doce meses es posible recuperar a Guayaquil, entonces el supuesto descalabro no sería tan profundo como hoy se pretende presentar. Pero si, por el contrario, la ciudad enfrenta una crisis estructural acumulada durante años, ofrecer una recuperación total en un año parece más un recurso de campaña que una proyección realista. Ambas afirmaciones difícilmente pueden sostenerse al mismo tiempo.

También llama la atención la comparación que hace Nebot sobre el área de seguridad municipal. Afirma que durante su administración existían alrededor de 300 personas vinculadas a esa tarea, mientras hoy serían más de dos mil. Sin embargo, omite un hecho fundamental: la Guayaquil de hace dos décadas no enfrentaba el fenómeno del crimen organizado transnacional, el narcotráfico, las economías criminales, el sicariato y la violencia que hoy golpean al Ecuador.

Tampoco puede olvidarse que, durante aquellos años, existía un esquema de coordinación distinto con la Policía Nacional, hasta que decisiones posteriores modificaron ese modelo. El incremento del personal municipal también respondió a la incorporación de policías metropolitanos, operadores de videovigilancia, conductores, personal administrativo y nuevas competencias asumidas por el Municipio. Comparar únicamente cifras sin explicar el contexto conduce a conclusiones incompletas.

Nebot también sostiene que gran parte del personal que formó su equipo fue separado durante la administración de Cynthia Viteri. Sin embargo, tampoco menciona que numerosos servidores concluyeron su carrera mediante jubilación, terminaron sus contratos o fueron reemplazados como ocurre normalmente en cualquier proceso administrativo.

Es indiscutible que Jaime José Nebot dejó una huella importante en la transformación urbana de Guayaquil. Sería injusto desconocer las obras ejecutadas durante sus largos años al frente del Municipio. Pero ningún liderazgo está exento de errores.

Uno de los episodios que aún genera interrogantes fue el manejo de la sucesión política dentro del movimiento socialcristiano. Para muchos guayaquileños, Doménica Tabacchi representaba una figura con experiencia, capacidad administrativa y conocimiento del Municipio para convertirse en la sucesora natural. Sin embargo, fue apartada de esa posibilidad por decisiones que nunca fueron suficientemente explicadas. Quizá algún día los ciudadanos conozcan las verdaderas razones de aquella decisión.

Hay además una interrogante que resulta inevitable. Si Jaime José Nebot considera que la revocatoria del mandato debe aplicarse cuando un gobernante incumple sus promesas o fracasa en su gestión, ¿por qué ese mismo criterio no fue planteado durante la administración de Cynthia Viteri, quien llegó a la Alcaldía con su respaldo político y terminó una gestión ampliamente cuestionada, siendo además derrotada en las urnas cuando buscó la reelección?

Si la revocatoria constituye un verdadero principio de responsabilidad política, debería aplicarse con el mismo rigor para aliados y adversarios. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en un argumento de campaña y no en un auténtico mecanismo de control ciudadano.

Nos encontramos en plena campaña electoral. Escucharemos promesas grandilocuentes, descalificaciones, agravios, acusaciones y ofertas de toda naturaleza. Pero la democracia no se fortalece con discursos espectaculares, sino con propuestas serias, viables y con dirigentes capaces de asumir responsabilidades por sus propios aciertos y errores.

El respaldo que Jaime José Nebot brinda a Andrés Roche es perfectamente legítimo. Sin embargo, el capital político no es eterno. Se fortalece con los aciertos y también se desgasta con los errores propios y con los de quienes fueron promovidos como continuadores de un proyecto político. Después de la experiencia de Cynthia Viteri, es comprensible que una parte importante de la ciudadanía ya no otorgue automáticamente el mismo nivel de confianza a ese respaldo.

La revocatoria del mandato es un mecanismo constitucional que fortalece la democracia cuando responde al interés ciudadano. Pero existe otra revocatoria aún más poderosa, una que no requiere firmas ni procedimientos legales: la revocatoria de la credibilidad. Esa la dicta el pueblo cuando percibe incoherencias, cuando los principios parecen aplicarse de manera selectiva o cuando quienes gobernaron durante décadas intentan presentarse únicamente como espectadores de una realidad de la que también fueron protagonistas.

Al observar la entrevista, vino inevitablemente a mi memoria El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez. No por establecer un paralelo entre la ficción y una persona, sino porque deja una enseñanza aplicable a toda vida pública: ningún prestigio construido en el pasado garantiza la confianza del presente. En política, la historia merece respeto, pero el liderazgo debe renovarse cada día con coherencia, autocrítica y credibilidad.

Porque, al final, la ciudadanía no solo revoca mandatos; también revoca mitos, liderazgos y confianzas cuando siente que el tiempo ha superado a quienes alguna vez fueron indispensables.

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