Opinión

RETORNO

Ab. Luis Hidalgo Vernaza/Guayaquil

Sí, retorno a mi columna de opinión luego de aproximadamente dos años de un retiro voluntario por situaciones de índole familiar que no caben exponer y analizar en este momento.

Mucha agua ha corrido bajo el puente en estos 730 días de ausencia. El país se ha descompuesto vertiginosamente, entrando en un caos que tiene a los ecuatorianos llenos de temor y gran incertidumbre, Lenín Moreno concluyó su mandato pese a todas las dificultades que le tocó atravesar, sorteó todos los obstáculos que se le pusieron en el camino con el fin de terminar con su gobierno, y lo logró. Las grandes críticas de que fue objeto hoy son de reconocimiento, ya que el país gozó de cierta estabilidad, donde se dictaron leyes y decretos que beneficiaron en lo político como en lo económico. Muchos le empujaron la silla sin lograr botarlo al abismo.

Luego de una apretada segunda vuelta entre correistas y una coalición de partidos y tendencias anti-correistas, Guillermo Lasso gana la presidencia de la República y con ello renacen las esperanzas de un mejor futuro para el Ecuador. Su mandato de dos años, cuajado de inestabilidad, generado por una Asamblea integrada en su gran mayoría por gente ignorante, desprovista de toda capacidad intelectual y cuyo propósito era destituir a Lasso, terminó fomentando un considerable caos.

El corto periodo Lasista transformó al Ecuador en el país más violento de la región. El narcotráfico y el sicariato y la gran cantidad de muertes violentas contribuyeron positivamente para que el presidente se vea abocado a utilizar el argumento constitucional de la Muerte Cruzada, disolviendo a una Asamblea que fomentaba desde su interior la inseguridad y la crisis fiscal.

Es difícil analizar en el corto espacio de esta columna todos los sucesos acontecidos en los dos años anteriores. Tal era la precipitación de los hechos que el país despertaba a diario con un nuevo y escalofriante acontecimiento. Por lo que me limitaré a opinar sobre lo que nos traerá el 2024, desde las elecciones anticipadas en las que triunfó Daniel Noboa, ensombrecidas por el magnicidio de Fernando Villavicencio.

El sorpresivo triunfo de Noboa y su posesión en noviembre del 2023, prende una nueva luz de esperanza en un país en donde nadie cree en nada. Una clase política totalmente desprestigiada por la corrupción, han dado paso a una generación de jóvenes millennials que, con una visión diferente, pero faltos de experiencia buscan sacar al país de la postración en que se encuentra. El año bisiesto que tienen por delante y los 18 meses que dura el periodo del actual gobierno, más la total falta de recursos económicos presenta un panorama nada alentador, no obstante, hay que fomentar el optimismo.