Opinión

Respuesta clara

Diario El Comercio de Perú

El presidente Kuczynski les salió al frente a los que quieren llevar derechos civiles a referéndum.

 

El fin de semana pasado, en su espacio de radio habitual, el cardenal Juan Luis Cipriani lanzó una iniciativa singular. “Que le pregunten al pueblo si quiere el matrimonio homosexual. Que hagan un referéndum”, propuso. Y luego añadió en tono de reclamo: “No [hagan] unas encuestas más o menos amañadas, sino preguntas claras”.

Lo que ha obtenido de parte de diversas autoridades, sin embargo, ha sido más bien una respuesta clara: los derechos fundamentales de las personas no pueden ser materia de consulta popular. Lo dijo el nuevo defensor del Pueblo, Walter Gutiérrez; y lo ha remarcado también el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala. Pero, sobre todo, lo afirmó el presidente de la República.

En declaraciones prestadas durante su visita a China, efectivamente, el mandatario les salió al frente no solo al cardenal, sino a todos los que habían acogido su idea con entusiasmo, contando seguramente con la impopularidad que la unión entre personas del mismo sexo cosecha en un sector mayoritario (aunque cada vez menos) de la población.

Tras señalar que, a su juicio, el derecho a la unión civil cae dentro de las libertades humanas que la Constitución protege, Kuczynski anotó: “No hay necesidad de un referéndum”. Y no se detuvo allí. Para sorpresa de los acostumbrados a que los líderes políticos, en su perpetua búsqueda de la aprobación ciudadana, traten de acomodarse a los prejuicios de la gente antes que a retarlos, sentenció: “Yo creo que en el Perú tenemos que apoyar la libertad y si dos adultos quieren vivir juntos, que son del mismo sexo, ahí está pues. Los felicito, les deseo buena vida”.

Nunca, a decir verdad, se había escuchado de un jefe de Estado en el Perú un deslinde principista así de claro frente a este tema todavía tan espinoso desde la perspectiva política.

Es cierto que el punto –el de la unión civil y no el del matrimonio homosexual, dos ideas que algunos buscan confundir para que la impopularidad de la segunda envuelva también a la primera– figuraba ya en el plan de gobierno de Peruanos por el Kambio (“Aprobar la Unión Civil no matrimonial, garantizando los derechos patrimoniales de las parejas así constituidas”, reza el texto). Pero es evidente que, en este caso, el presidente ha querido ir bastante más allá que en la ratificación de un ítem programático, para situar de una manera sencilla el tema en su debida dimensión: “Yo creo que en el Perú tenemos que apoyar la libertad…”

Y es que, en efecto, cuando las decisiones de los individuos no afectan la libertad de los demás –impidiéndoles u obligándolos a hacer algo–, la sociedad no tiene legitimidad alguna para intentar prohibir o limitar estas decisiones. Ciertamente, el querer de la mayoría no puede ser el argumento del que venga esta legitimidad: si en las democracias existen las Constituciones y la noción de “derechos fundamentales” es precisamente para proteger a las minorías.

Lo mejor de la intervención del presidente, por lo demás, es que se ha dado no solo sin el ánimo de chanza que ha caracterizado algunas de sus últimas declaraciones, sino también sin solemnidad alguna. Es decir, dando a entender que así es como tienen que ser las cosas en un Estado laico y en un país que vive dentro de un marco institucional regido por una Constitución republicana. Que no hace falta levantar la voz o golpear la mesa para reiterar lo que está claro. Y es de desear que los representantes de los otros poderes del Estado sean unánimes en su respaldo al principio que, demagógicamente, se ha tratado de poner en entredicho en esta ocasión.

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