Opinión

Resistencia civil

Enrique Santos Molano

Diario El Tiempo de Colombia

El senador Uribe Vélez ha hecho un llamado a la resistencia civil contra los acuerdos de paz. ¿Alguien le otorgó al senador Uribe Vélez patente de corso para conspirar? ¿Lo ampara algún poder celestial como el que se ejerce desde la Procuraduría General de la Nación?

Que un ciudadano cualquiera, de los que andan a pie y que no ejercen cargo público alguno, convoque a la resistencia civil contra un acto emanado de la Constitución vigente (artículo 22) podría entenderse como un gesto desesperado de protesta, aunque sin duda le valdría un carcelazo por incitar a la rebelión, a la perturbación de la tranquilidad pública y al desconocimiento de la Constitución.

Pero que un senador de la República, obligado, por el simple hecho de ser elegido popularmente, a realizar tareas específicas como son las de legislar a favor de sus conciudadanos, y no solo de sus electores, abandone esos deberes para dedicarse a la faena oprobiosa de echar por tierra un proceso de paz que, entre grandes dificultades, se acerca a su culminación exitosa; que convoque a la resistencia civil para llevarnos de nuevo a una guerra feroz, en la cual ni el senador centrodemocrático ni sus camaradas van a empuñar las armas o exponer sus pellejos, resulta incalificable e inadmisible.

Por lo menos el senador Uribe Vélez y sus diecinueve o veinte compañeros de bancada deberían tener la decencia mínima de renunciar a sus curules. Pues conspirar y al propio tiempo cobrar jugosas dietas puntualmente cada mes, no dudo que es muy sabroso y también bastante indecoroso. Lo dijo bien la senadora Claudia López.

Quizá el senador Uribe, al llamar a la resistencia civil contra los acuerdos de paz, quiere significar que se trata de invitar a los ciudadanos a expresar pacíficamente su inconformidad con esos acuerdos, si bien la beligerancia, latente en el tono airado y cuasiesquizofrénico del senador, nos induce a pensar que sus intenciones reales no son tan pacíficas. En primera instancia, la locución ‘resistencia civil’ supone que es algo contrario a la ‘resistencia armada’. Según las circunstancias, la resistencia civil puede ser opuesta a la resistencia armada o complementaria de la resistencia armada.

Si ya existe una resistencia armada contra los acuerdos de paz, como la que han declarado (incluido un paro armado) los paramilitares, las bandas criminales, los clanes familiares, que con seguridad cuentan con fuerte apoyo económico de agrupaciones o individuos civiles, invocar la resistencia civil contra los mismos acuerdos vale por dar apoyo civil a la resistencia armada.

Máxime cuando ni de labios del senador que llama a la resistencia civil ni de sus distinguidos camaradas hemos escuchado la menor condena contra la acción de las bandas criminales y de paramilitares, ni contra los constantes asesinatos de líderes de derechos humanos, de campesinos que acreditan la restitución de las tierras que les fueron robadas y de líderes indígenas y afrodescendientes. Ni una palabra de censura salió de las filas del Centro Democrático contra el atentado del que fueron víctimas hace unos días Imelda Daza y sus compañeros, y del que por fortuna salieron ilesos. Hay miles de compatriotas que no han tenido la misma suerte.

Sin embargo, yo estoy de acuerdo con el senador Uribe Vélez. En estos momentos peligrosos, la resistencia civil es un imperativo para salvar la poca democracia que nos queda y alcanzar la paz.

Resistencia civil, valiente y decidida, contra los paramilitares, contra las bandas criminales, contra los despojadores de tierras, contra los asesinos cobardes que disparan por la espalda. Resistencia civil contra la corrupción y contra el crimen que se han adueñado del país y permeado todas las instituciones. Resistencia civil para defender la paz y mejorar la democracia. Resistencia civil contra los que, por medio de las armas, quieran imponernos sus puntos de vista. Resistencia civil a favor de un Estado justo, igualitario, incluyente, un verdadero Estado social de derecho, como lo prescribe la Constitución.

Resistencia civil, señor senador Uribe Vélez, fue la que hicieron, como un todo, los colombianos y las colombianas que en 1903 rechazaron de plano a los bribones que entonces intentaban desconocer el tratado de paz de Wisconsin y reanudar la guerra civil. Gracias a esa resistencia ciudadana el país gozó de cuarenta años ininterrumpidos de bienaventuranza y prosperidad, sustentadas en la paz. No se haga ilusiones guerreristas el ilustre senador. Como en 1903, en el 2016 y en adelante el país saldrá a las calles a defender la paz. Esa es la resistencia civil que verá el senador Uribe, si acaso su descomunal obcecación se lo permite.

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