Opinión

Resiliente y valiente mujer

Mg. Lilian Alarcón Durán

Portoviejo-Manabí.

 

En el viaje que llamamos vida, cada uno de nosotros enfrenta desafíos y adversidades que moldean nuestra personalidad e identidad y nos transforman en versiones fuertes y resilientes. Mi propio camino ha estado marcado por golpes duros y caídas, pero a través de las tormentas he emergido como una mujer en la que nunca imaginé convertirme: llena de cicatrices, pero erguida con una resiliencia inquebrantable.

La resiliencia es la fuerza interna que nos permite recuperarnos de las dificultades y seguir adelante con renovada determinación. A medida que enfrentaba las pruebas que la vida me lanzaba, descubrí que en mi interior habitaba una capacidad asombrosa para recuperarme y superar obstáculos. Los golpes que enfrenté no me definieron, sino que me transformaron en una versión mejorada de mí misma. Cada vez que caía, encontraba la fuerza para levantarme una vez más, resistiendo la tentación de quedarme en el suelo y autocompadecerme.

Las cicatrices que adornan mí y alma son recordatorios de las batallas que he librado y vencido. Cada herida tiene su propia historia, un capítulo en mi viaje que me recuerda cuán lejos he llegado. Estas cicatrices ya no me pesan, sino que son insignias de honor que demuestran mi valentía y resistencia en momentos de adversidad. Aprendí que la belleza no solo reside en la perfección, sino también en la fortaleza que emana de nuestras imperfecciones.

La mujer que hoy soy no teme enfrentar lo desconocido. He abrazado la incertidumbre con los brazos abiertos, sabiendo que incluso en medio del caos, puedo encontrar oportunidades para crecer y aprender. Cada nuevo desafío es una oportunidad para demostrar mi fuerza y determinación, me niego a dejar que el miedo me detenga.

Mi caminar por la vida no ha sido en solitario. He sido inspirado por las mujeres que me rodean, las que han demostrado una fuerza inquebrantable en medio de circunstancias difíciles. Sus historias me han enseñado que la fortaleza no es solo un acto individual, sino que también se nutre de la comunidad y el apoyo mutuo.

La mujer en la que me he convertido es una mezcla de luchadora y soñadora. No solo enfrento las dificultades con determinación, sino que también alimento mis sueños con la certeza de que puedo lograr lo que me proponga. Cada golpe y caída me ha acercado un paso más a la realización de mis aspiraciones, y estoy decidida a seguir adelante, sin importar los desafíos que pueda enfrentar.

A través de cada desafío, he descubierto una fuerza interior que nunca supe que tenía. Las cicatrices son prueba de mi coraje, y cada paso hacia adelante es un testimonio de mi resiliencia inquebrantable. El viaje continúa, y estoy lista para abrazar lo que venga con la cabeza en alto y el corazón lleno de determinación y sueños.