Opinión

Rescatemos a nuestros hijos y los principios de familia.

Por: Lucy Angélica García Chica/ Portoviejo.
Escritora y Poeta.

 

 

Realmente estamos viviendo una crisis de antivalores en una sociedad de adultos que calla su grito de dolor ante la indiferencia y la necesidad de ser escuchados y valorados por sus hijos. La mayoría de adultos están sumergidos en un sistema que muchas veces no les permite darse cuenta que cuando los hijos cumplen su mayoría de edad, o ya se hacen autónomos, es como si tomaran totalmente las riendas de su vida a tal punto que los padres están ahí, sólo para cuando tienen una necesidad imperante de la cual sólo ellos pueden resolver. Ya no cuenta el criterio en base a la experiencia de la que ellos se permitan tomarlos en cuenta a la hora de tomar decisiones.

Estamos ante una generación donde menos se escucha a los padres, donde no se les da importancia a sus sentimientos o se le es indiferente.

Los hijos volarán, esto lo tenemos claro. Nuestra misión como padres  es acompañarles en sus primeros pasos, asegurarles unas raíces fuertes y apretarles bien las manos cuando nos necesiten, y  llegará un día en el que no lo harán más, pero es imperativo ayudarles a tomar conciencia del valor de escuchar y valorar, de dar afecto, de ser agradecidos por esos seres que antes de ser padres, también fueron hijos que cumplieron como tal los preceptos de Dios y los principios fundamentales de la familia.

Es necesario que desde ese lugar, desde ese espacio donde se sembraron, el amor,  los valores como el respeto, la solidaridad, la hermandad, la unidad, los principios de familia, sigan emergiendo con firmeza esas costumbres morales y éticas que han dado buenos frutos a través de los años y que han sido pilares indestructibles de la sociedad.

El núcleo de la sociedad es la familia, porque en su seno se forma a los hijos, si bien es cierto, la escuela complementa esa formación con la educación, y aunque el sistema haya cambiado modalidades teóricas y estratégicas ,  en la práctica sigue siendo la familia y su amplio abanico de enseñanza con ejemplo desde el amor y el cuidado la que tendrá la fuerza para que la sociedad se mantenga en equilibrio, y cada día se siga haciendo lo posible por mantener esa armonía tan necesaria para un mundo de paz.