Opinión

REHABILITAR EL AGRO PARA REACTIVAR EL PAÍS

Ing. Agr. Gonzalo Gómez/ Guayaquil

La situación del país y por ende del Gobierno es cada vez más confusa y preocupante, pues no se vislumbra una línea de acción concreta y mucho menos un objetivo claro. Y es que, entre los yerros y las infantiles rectificaciones, el Gobierno ha perdido credibilidad; el pueblo no siente la guía de su Presidente, quién se supone debía ser su líder. Y mientras tanto, ese pueblo es obligado a testificar una vergonzosa batalla fratricida entre los poderes: Ejecutivo, Legislativo, judicial, el electoral y el de Participación Ciudadana; confrontación sanguinaria que nadie entiende ni justifica porque en su mezquindad solo buscan favorecer intereses personales.

La verdad es que ninguno está exento de culpa pues cada lado exhibe su dosis de razón y de irreflexión, de conciencia y de terquedad; por eso el objetivo de este escrito no es calificar a los unos ni a los otros, sino proponer una alternativa que sirva de catalizador para atenuar las aguas turbulentas y propulsar un entendimiento con características simbióticas para las partes confrontadas. La propuesta es unificar los esfuerzos desde todos los frentes para reactivar el sector agropecuario, en especial el dedicado a la producción para consumo interno, pues su rehabilitación generaría beneficios para todos: multiplicación de empleos y oportunidades laborales, reactivación de actividades colaterales, ingresos económicos para el estado al colocar en el mercado internacional los excedentes de la demanda nacional, incremento de liquidez en el mercado nacional, disminuir los niveles de desnutrición infantil, preservar la soberanía alimentaria, reconocimiento de todo el pueblo y la incorporación de un capital político de más de cinco millones de personas, que se manifestarían agradecidas e incondicionales con el gobierno que lo logre.

La rehabilitación del sector agropecuario permitiría que la población campesina, donde se incluyen el montubio, el chagra y el indígena, recupere su esperanza, su alegría, su disposición al trabajo, su espíritu de sacrificio y amor a la tierra, al recobrar la rentabilidad justa que les permitiría volver a sus terruños y resurgir con su familia. Pero lo más importante para el Gobierno, es que la sola presentación de un plan razonable, práctico y viable podría desbaratar las amenazas de tormenta que persisten por los pobres resultados de las mesas de diálogo, que podrían convertirse en la mayor derrota política para el gobierno, y en un peligro real para la democracia.

Señor presidente, es una gran oportunidad para sacar provecho sirviendo, sería como ayudarse ayudando; olvide ya la bendita vacunación, ella tuvo su espacio, pero “ya fue”, ahora es tiempo de la rehabilitación del sector agropecuario y el resarcimiento de la población campesina… se los debe.