Opinión

Referentes morales que merecen recordarse.

Dr. Franklin Verduga Vélez/Guayaquil

 

Un lector de esta columna me hizo una sugerencia en relación al trabajo sobre el tiempo de vigencia de líderes y conductores políticos  que ha tenido el Ecuador en los años del retorno democrático después de la larga dictadura militar de los 70. No es fácil y podría caer en injusticias por el comentario al tema. Si eso ocurre, no es intencional.

Algunos alcanzaron la presidencia de la república como Camilo Ponce, Galo Plaza, León Febres Cordero, Rodrigo Borja y Sixto Durán Ballen y todos ellos terminaron sus periodos presidenciales. Fueron exponentes de virtudes morales y honradez. Hubo un caso de alguien que llegó a la presidencia pero fue tempranamente derrocado por una junta militar, cuyos miembros poco tiempo después fueron declarados traidores a la patria por comprobarse que dieron el cuartelazo para renunciar a las 200 millas de mar territorial en un infame convenio secreto.

Fue el Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy. Lo acusaron de ser adicto al licor que lo arrastró a situaciones vergonzosas pero incorruptibles y ejemplo de manos limpias en la función pública. Tuve el privilegio de iniciarme en la vida pública con él y podría revelarles muchas anécdotas. Hablaré de una que me impactó por su profundidad. Esperábamos en la madrugada la salida del avión a Loja en campaña electoral legislativa. Frente a nosotros apareció un joven que transportaba una caja de whisky.

El Dr. Arosemena comentó: “De esas yo me he tomado muchas con mi dinero y si no lo hubiera hecho sería invulnerable como Velasco Ibarra”. El Dr. Raúl Clemente Huerta, un ciudadano honrado hasta la médula que jamás fue involucrado en ningún escándalo. El economista Abdón Calderón Muñoz, vilmente asesinado por la policía política del régimen militar, fue siempre un hombre íntegro. Otro que sumo a los anteriores es el Dr. Jacinto Velázquez Herrera.

También aspiro sin conseguirlo a ganar las elecciones para presidente y es un caballero impoluto. Continuó con el nombre del Dr. Julio Cesar Trujillo, un ecuatoriano de conducta ejemplar, practicante de las virtudes morales durante toda su fructífera vida. Y terminó con un guayaquileño de estirpe, ejemplo del manejo severo y escrupuloso del dinero público en todas las funciones que tuvo en décadas. Jaime Nebot sigue en plena vigencia y, pese a los ataques y cuestionamientos de sus adversarios políticos y odiadores envidiosos, jamás ha sido procesado y ni siquiera indagado por actos reñidos con la moral pública.