Recordando a una amiga, la hermana que la vida me regaló
María Elena Gómez de Reshuan/Guayaquil
Hay amistades que nacen por casualidad y otras que Dios pone en nuestro camino para acompañarnos durante toda la vida. Esas amistades dejan de ser simplemente amigas para convertirse en hermanas del corazón.
Esta tarde regresé de un entrañable cafecito con queridas amigas. No fue una reunión cualquiera. Nos reunimos para recordar, con el inmenso cariño que merece, el primer aniversario de la partida de una amiga muy querida, una hermana que la vida nos regaló.
Entre abrazos, anécdotas, sonrisas y alguna lágrima inevitable, volvimos a sentir su presencia en cada recuerdo compartido. Después nos dirigimos a la iglesia para acompañar a sus hijos en la Santa Misa celebrada por el primer aniversario de su partida. Fue un momento de profunda fe, gratitud y esperanza, porque quienes creemos en Dios sabemos que el amor nunca muere y que quienes han sembrado tanto bien continúan viviendo en el corazón de quienes los amamos.
Al llegar a casa seguía pensando en ella. Imaginaba que, desde el cielo, nos miraba con esa sonrisa serena que siempre la caracterizó, feliz de vernos reunidas, abrazándonos y recordándola con tanto cariño.
Tomé mi celular para volver a mirar las fotografías que nos habíamos tomado esa tarde y, como si fuera un hermoso regalo de Dios, apareció ante mis ojos el siguiente mensaje. Me conmovió profundamente porque parecía resumir lo que habíamos vivido durante el día.
No es de mi autoría. Lo comparto respetando el mérito de quien lo escribió, pues considero que encierra una hermosa reflexión sobre el privilegio de vivir, envejecer, conservar la amistad y agradecer cada nuevo amanecer.
Miren qué hermoso mensaje:
«Qué excelente es llegar a una edad de adulto mayor, pues es señal de que has sido sano la mayor parte de tu vida.
Qué bueno que eres jubilado, pues es signo inequívoco de que trabajaste mucho durante tu edad productiva.
Qué bueno que puedes escribir o leer esta publicación, pues, aun con lentes, tu vista te permite seguir siendo independiente.
Qué mejor que, aunque lento, aún puedes caminar e ir a donde tú deseas.
Qué bendición que acudir a reuniones sea señal de que todavía tus amigos siguen vivos y te mantienen vivo; que un café sea el motivo de mil anécdotas y diez mil sonrisas.
Que todavía ames a alguien es señal de que tienes un corazón sano y con deseos de seguir viviendo.
Da gracias por el blanco de tus cabellos, pues son la evidencia de los años vividos y de la experiencia acumulada.
Si tienes alguna enfermedad, no te asustes. Es parte del desgaste natural de la vida. Mientras puedas cuidarte, acudir al médico y mantener tu independencia, sigue siendo una bendición.
Tal vez hoy ya no disfrutes una botella como antes, pero seguramente disfrutas mucho más una buena taza de café acompañada de una conversación sincera o de aquellas canciones que despiertan los más bellos recuerdos.
Debemos felicitarnos y dar gracias a Dios por estar vivos. Muchos no tuvieron ese privilegio.
¿Te falta algo por hacer? No digas: «Ya estoy viejo». Prepárate para hacerlo. Tendrás limitaciones, sí, pero aún puedes seguir soñando y realizando aquello que esté a tu alcance, siempre con prudencia.
Te deseo muchos años más de vida, porque eso significará que seguiremos compartiendo amistad, risas y nuevas experiencias para recordar.»
Un fuerte abrazo para todos.
Hoy, después de este día tan especial, solo puedo dar gracias a Dios por el privilegio de haber compartido parte de mi vida con una mujer maravillosa, una amiga que fue mucho más que eso: la hermana que la vida me regaló.
Mientras exista alguien que la recuerde con amor, ella seguirá viviendo entre nosotros. Y tengo la certeza de que, desde el cielo, hoy sonrió al vernos reunidas, celebrando el regalo más hermoso que nos dejó: su amistad.
