Opinión

Reconocer la verdad es una forma de conquistarla.

Dr. Jorge Norero González/Guayaquil

 

Parecería que lo absurdo y fatalmente peligroso, son las pasiones de nuestra gente, al entregarse hasta con fanatismo, por políticos mentirosos, corruptos y farsantes, como si se tratase del castigo impuesto a Sísifo (astuto y mentiroso) por el Dios Zeus…

Confiamos en los políticos, viejos y nuevos, los primeros, aunque decrépitos y perversamente arrogantes y criminales, son los maestros que se encargan de poner en los nuevos, la semilla de la vanidad, codicia y angurrientería, para que sus linajes y herencia, sometan y castiguen eternamente a nosotros el pueblo, por no tener orgullo, dignidad y conciencia…

El castigo impuesto a los políticos por engañar al pueblo es que, aunque gocen momentáneamente del poder, terminarán despreciados y escupidos por la historia, porque no pudieron vencer al sistema, y se volvieron en sus más descarados defensores…

Por aquello es que, sobre nuestro futuro, existe una especie de maldición, que nuestra «nación» si es que en verdad eso somos, no desaparecerá por terremotos o desastres naturales, sino por los malos gobiernos (Santa Mariana de Jesús) 1645.

Han pasado siglos desde entonces, y a pesar de que hemos superado las encomiendas, los huasipungos, y otras formas crueles y abominables de esclavitud…obtenido bienestar, comodidad material, seguimos mentalmente sumisos a muchos tipos de colonialismo, vasallajes, surgiendo la profesión de los agentes de negocios transnacionales, como los mercaderes de esclavos de antaño y ahora modernos tecnócratas con terno y corbata, políglotas y metrosexuales…

Existen demasiados complejos de inferioridad, resentimientos, tenemos aparentemente goce de libertad física, pero mentalmente somos prisioneros de nuestros atavismos, por aquellos buscamos en esos corrompidos jefes, que alguien similar nos represente, aunque se burlen de nosotros, tenemos un portavoz, un representante igual de miserable que sus seguidores…

Por aquello esperar una rebelión es casi imposible, sería un milagro, ni los curas apoyarían una revolución, porque hasta ellos podrían perder sus cabezas y privilegios. Tener que subir la gran roca por la empinada ladera, hasta llegar a la cima para que vuelva caer al valle y así eternamente hacerlo todos los días, es nuestro castigo por ser malditamente inferiores, acomplejados, temerosos, sumisos y por aquello imperdonablemente fanáticos…

Aunque debo reconocer que hay pocos fanáticos disfrazados, para ganarse el favor de los caudillos, y hacerse ellos también generales y agarrar grandes pedazos del pastel, como lo vemos en estos días, con tanto miserables autocalificados líderes, socios y alcahuetes de narcoterroristas, criminales, sicarios, jueces y fiscales de nómina, etcétera, etcétera.

Sólo reconociendo esto que es una verdad irrefutable, algún día ojalá cercano, despertemos para recién independizarnos y ser verdaderamente libres.

Semper Fi.