Opinión

¿Recambio político o confesión de fracaso?

Dr. Jorge Alberto Norero González/Guayaquil.

 

 

En política, las candidaturas rara vez son producto de la improvisación. Cuando un movimiento cambia abruptamente a quien proyectaba como su principal carta electoral, generalmente no responde a una estrategia brillante, sino al reconocimiento de que el plan original fracasó.

Eso es lo que parecería estar ocurriendo con el movimiento oficialista ADN. Durante meses se promovió el nombre de Niels Olsen como una de las figuras llamadas a disputar la Alcaldía de Guayaquil. Sin embargo, si las versiones que hoy circulan son ciertas, su candidatura habría perdido fuerza ante unos niveles de aceptación insuficientes para competir con posibilidades reales. De ser así, su eventual traslado a Samborondón constituiría una decisión eminentemente pragmática.

Pero el verdadero impacto político no radica en el cambio de candidato, sino en el nombre que aparece como reemplazo: Cynthia Viteri.

La sola posibilidad de que quien representó durante años al Partido Social Cristiano pueda convertirse en la candidata del movimiento de Daniel Noboa plantea profundas interrogantes sobre la identidad política del oficialismo. ¿Dónde quedó el discurso del recambio generacional? ¿Qué ocurrió con la promesa de construir una nueva clase dirigente? ¿Qué pasó con la narrativa de dejar atrás las viejas prácticas y los viejos liderazgos?

Resulta difícil conciliar ese discurso con el eventual retorno de una figura cuya gestión fue sometida al juicio de las urnas y que no logró conservar la confianza mayoritaria del electorado guayaquileño. Como toda autoridad pública, su administración ha sido objeto de cuestionamientos e investigaciones, las cuales deberán resolverse conforme al debido proceso y con respeto a las garantías constitucionales.

Más llamativo aún resulta el silencio de algunos medios de comunicación. Cuando una entrevista reúne al presidente del Partido Social Cristiano, después de recientes declaraciones de Jaime Nebot y en medio de rumores sobre la posible candidatura de Cynthia Viteri por ADN, parecería natural esperar preguntas sobre ese tema. Cuando esas preguntas no llegan, inevitablemente nace la percepción de que ciertos asuntos incómodos son deliberadamente evitados. Esa percepción, justa o no, termina afectando la confianza ciudadana en el periodismo.

Sin embargo, el problema de fondo es otro.

Cuando un gobierno necesita recurrir a dirigentes del pasado para sostener sus expectativas electorales, transmite la imagen de que no logró formar nuevos liderazgos propios. La fortaleza de un proyecto político no se mide únicamente por quien gobierna hoy, sino por la calidad de los cuadros que es capaz de producir para el futuro.

Si ADN termina apostando por figuras tradicionales para conquistar los principales gobiernos locales, muchos ciudadanos podrían interpretar que el prometido «nuevo Ecuador» comienza a parecerse demasiado al viejo Ecuador que decía venir a reemplazar.

Quizá el problema no sea Cynthia Viteri. Quizá tampoco sea Niels Olsen.

El verdadero problema sería que un movimiento político que llegó al poder prometiendo renovación termine demostrando que carece de suficientes liderazgos propios para sostener esa promesa.

Y cuando un proyecto político comienza a reciclar dirigentes en lugar de formar nuevos, la pregunta deja de ser quién será el próximo candidato.

La pregunta pasa a ser si el proyecto todavía tiene futuro o si ya empezó a administrar su propio desgaste.

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