Opinión

RASGANDO VESTIDURAS

Martin Úraga Icaza/Guayaquil

Lo hacemos a diario. Leo y escucho las quejas, comentarios, críticas, recomendaciones y sentencias, más allá del cuestionamiento constante al gobernante de turno o a la autoridad correspondiente, sí, es el pan de cada día.

Empezamos echando leña y combustible a la hoguera bárbara, queremos que rueden cabezas, que los pillos o los corruptos sean detenidos y paguen por sus delitos, queremos que de forma inmediata se corrija y se elimine todo aquello relacionado con la delincuencia, corrupción y corruptos, estén donde estén, en algunos casos, así ejerzan algún cargo público, son los deseos, sueños y anhelos de quienes deseamos vivir en un país donde prime la ley y la justicia, y que ésta sea aplicada de forma justa y transparente, BASTA YA DE TANTA INSEGURIDAD E IMPUNIDAD

Pero bueno, esto es lo que pensamos, queremos y exigimos a quienes les corresponde hacer todo lo necesario para satisfacer dicho pedido.

Entonces aparecen los expertos, algunos muy reconocidos por su vasta experiencia y conocimientos en todos estos temas, en la radio, televisión, redes sociales, y con sus sesudos análisis y recomendaciones, tienen resuelto el problema, podría decirse que son los máximos exponentes en cuanto a seguridad, leyes y todo aquello relacionado con lo que consideramos nos afecta, pero luego me pregunto, ¿ante tanto aporte de conocimientos y experiencias, como es posible que esto siga igual…para los delincuentes y corruptos? ¿Será posible que ninguna autoridad los vea y escuche? La solución está a la mano, porque no aprovecharla, porque no invitarlos a ser parte del equipo de gobierno, que se sumen y de esa manera muy pronto las cosas pueden cambiar.

Pero aquí resulta algo extraño, se los integra como parte de la solución, toda esa capacidad y conocimiento, esas soluciones simples e inmediatas, esa vasta experiencia de pronto no es eficaz, no se aplica, no da los resultados tan esperados y esperanzadores, así que no les queda más que dar un paso al costado, no fue tan simple como se suponía.

Así que más allá de lo que deseamos y aspiramos, también debemos ver y analizar aquello que hacemos, lo que aportamos para que esto sede y pueda llevarse a cabo. En realidad, creo que hacemos muy poco a favor y mucho en contra, siempre desde nuestra óptica y visión de cuanto y como me beneficio. Por lo que muchas veces nos mostramos inertes ante la ejecución de un delito, sea este que involucre un riesgo físico con pérdidas materiales (robo, asalto a mano armada, estruche) y otros que implican un dar para recibir algo a cambio, que simplifica o evade algún trámite o requisito (certificados falsos, documentos alterados, falsas declaraciones, etc., etc.) o que nos permita obtener una sentencia favorable a nuestros intereses o de terceros.

Así que considero que debemos cambiar en cuanto a nuestra actitud frente al delito y al delincuente, tener claro que también nos toca dar y no solo exigir, denunciar y señalar cuando sea el caso, para que la justicia, los elementos del orden puedan actuar y repeler a quien infringe la ley y orden, y que de alguna forma afecta nuestra paz y seguridad, tenemos que hacerlo, es nuestra obligación hacerlo, no hay otra forma.

Parafraseando diré, “la inercia o pasividad es un crimen, cuando lo que se tolera es el mal”.