Opinión

Raquel y su sabiduría

Claudio Campos

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@claudioncampos

El sonido de la puerta de madera al ser abierta fue la primer alarma aquella mañana y segundos después con un tono suave pero firme a la vez escuche,” chicos hay que levantarse, hoy puede ser un gran día”. Raquel con su sabiduría nos había inyectado a Guillermo mi compañero de cuarto y a mí una dosis de motivación y confianza únicas para levantarnos a pesar del frio reinante en Buenos Aires y comprender que los sueños siempre hay que perseguirlos y que ellos premian a lo largo del tiempo la constancia de alguna manera.

Guillermo me pregunto, vas primero al baño o voy yo? Nuestra precaria pensión solo tenía una pileta para lavarnos la cara y los dientes a la intemperie en la terraza de aquella vieja casona en la que vivimos ocho deportistas adolescentes.

Comencé el día mirando el espejo mojado por la llovizna y preguntándome hasta cuando seria ese sacrificio enorme de estar lejos de mi familia, conviviendo con mis incertidumbres de la propia edad sin saber si todo valdría la pena.

Un café con leche, dos tostadas y un silencio tajante nos encontró a mi compañero de cuarto en la desordenada cocina de doña Raquel, fue allí cuando después de unos minutos la sabia señora nos dijo, ustedes tienen el destino de sus vidas en sus manos, las ganas se entrenan, así que cambien la cara, piensen en los deseos de sus padres y seres queridos que también los extrañan y pusieron en ustedes la confianza para que obtengan lo que más quieren en la vida que es ser futbolistas; los sueños están delante de sus ojos, hoy no los ven porque es parte de este aprendizaje eterno que nos da la vida, solo propónganselo y lo lograran, yo sé porque se los digo.

El balón siguió rodando en nuestras vidas y eso es el claro ejemplo que le hicimos caso a esa persona que de manera desinteresada velaba por nuestros deseos sintiéndose parte de ellos aunque sea en un tramo de nuestras travesías. Sus enseñanzas perduran en mí y considero que lo mismo pasa con Guillermo, qué más allá de que las distancias nos tienen a miles de kilómetros estamos en un punto juntos y es en aquella mirada profunda y tan sabio consejo que nos regaló nuestra entrañable Raquel aquel amanecer que se hizo perpetuo y recuerdo cada vez que abro los ojos entendiendo que siempre se puede dar otra paso, en la eterna búsqueda de la felicidad.

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