Opinión

Rafael Pérez Gay, el buen gusto por las palabras

Gustavo Borges

@Efe

En un momento de madurez como contador de historias, el escritor mexicano Rafael Pérez Gay es una especie de devoto de las palabras, entre las cuales prefiere el verbo trabajar.

“Creo en la inspiración, pero no concibo la literatura ni el periodismo sin investigación y mucha lectura”, asegura en entrevista a Efe Pérez Gay, quien presenta hoy su novela ‘El cerebro de mi hermano’ en la Feria de Literatura de San Miguel de Allende.

La obra, Premio Mazatlán 2014, es un ejercicio de introspección en el cual el autor hace un homenaje a su hermano José María con un relato desgarrador en el que reflexiona sobre la fragilidad de la vida. “Es un libro indeseado, cuenta los últimos años de mi hermano fallecido en el 2013; me hubiera gustado no escribirlo”, explica.

En la obra, el narrador revela cómo miró de frente a la muerte cuando le diagnosticaron cáncer hace unos años; se recuperó y creyó haberla burlado, pero debió lidiar con ella, ensañada con su hermano que se consumió de a poco en un mundo de silencio y soledad.

Graduado de letras francesas de la Universidad Nacional Autónoma de México, Pérez Gay se considera a sí mismo como un borracho y cantinero de la taberna de la literatura mexicana, capaz de saltar en un mismo día de periodista a narrador sin descuidar su trabajo como director de la editorial Cal y Arena.

“En las mañanas hago periodismo, por las tardes escribo novelas, cuentos o textos que no van a ser consumidos al día siguiente y voy a la oficina de la editorial. He vivido mi vida poniendo una palabra detrás de otra y las palabras de los otros una detrás de otras porque he sido editor desde joven” cuenta.

Si embargo, más que en filosofía sobre si es un periodista capaz de hacer ficción o un novelista con espacios fijos en los diarios, su obsesión tiene que ver sobre todo con la idea del Premio Nobel estadounidense autor de la novela ‘Luz de agosto’.

“Creo en la inspiración, pero más en la idea de William Faulkner quien dijo alguna vez: 33 por ciento de trabajo, otro 33 por ciento de trabajo y el otro 33 por ciento de trabajo, eso es un escritor”.

Pérez Gay ha sido uno de los intelectuales más activos en el Festival de San Miguel, centro de México, que hace unas horas derrochó pasión por casi tres horas un taller sobre el tema de la autoficción, al cual pertenece ‘El cerebro de mi hermano’ y también su anterior novela, ‘Nos acompañan los muertos’.

“Es un nombre producto de los caprichos del mercado, pero existe hace mucho: La autoficción es cuando un escritor habla sobre su vida en primera persona sin complacencia; está ahí desde Michel de Montaigne y en México empezó en 1935 con José Vasconcelos, pero solo ahora le llamen así”, asegura.

Si bien es un intelectual reconocido en Latinoamérica, quizás por encima de todo Rafael es un lector empedernido que lee varios libros a la vez y ahora mismo tiene abiertos ‘Niveles de vida’, del inglés Julián Barnes, una biografía sobre Octavio Paz, de Christopher Domínguez, ‘Ciudad de México’, de José Marroquí, además de materiales sobre la capital mexicana, su tema obsesivo.

“A veces en casa me hacen burla porque me ven leyendo sobre la basura o el desagüe de la ciudad de México”, dice.

Tiene lo necesario para si quisiera ser maestro de literatura en alguna buena universidad de México, pero a los 57 años, Rafael Pérez Gay siente no tener tiempo que perder y apuesta a doble o nada a su gusto infantil por juntar palabras. “Lo único que no escribo es poesía, para eso se necesita un empaque que no tengo”, asegura.

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