Opinión

Quién llega primero

En campaña, el sentido común es víctima de la intransigencia de los partidos, de los problemas de comprensión lectora y la tiranía de los spin doctors. Creyéndose Napoleón, un veterano jefe de campaña socialista presumía de dejar a sus enemigos cocerse en sus propios errores mientras su candidato guardaba silencio. El silencio es ya imposible cuando los altavoces son tantos y la cuestión en juego, siendo España, pasa irremediablemente por Catalunya.

El independentismo bien vale un ataque por la derecha, pero no el esfuerzo del PSOE en una estrategia de defensa. Así que con Manuel Marchena a la batuta en el Supremo, la junta electoral a pleno rendimiento y las finanzas de la Generalitat bajo control, los socialistas minimizan los excesos de José Borrell y censuran las obviedades que plantea Miquel Iceta. Si el 65% de los catalanes llegara a reclamar la independencia, habría que buscar una respuesta democrática.

El pecado de Iceta es haber aceptado una hipótesis independentista justo cuando JxCat y ERC tienen dificultades para pasar la prueba del nueve de la campaña. Con los cabezas de lista en la cárcel y pendientes de su juicio, el president Torra se ha enredado en lazos amarillos y ahora pretende fijar de antemano los criterios para una legislatura que no es la suya. Autodeterminación y mediador, para el PSOE. No cualquier referéndum, para Podemos. No es ese el argumentario de los socios del Govern.

Mientras los posconvergentes siguen cerrando las heridas autoinfligidas, los republicanos quieren ser como el PSC que dibujaba Isidre Molas: un partido de amplias fronteras. Pero incluso la operación Comuns se va a quedar corta para imponerse en las generales en Catalunya. El PSC se dispara y el independentismo se reordena. Ahora es cuestión de discursos públicos y compromisos privados.

El objetivo comunitario es recuperar la centralidad en Madrid: Oriol Junqueras predica el pragmatismo que al partido le cuesta imponer con la imagen de Gabriel Rufián; Jordi Sànchez quiere desligar la acción política del Congreso de su situación procesal, y Laura Borràs no quiere ser la voz del no a todo, ahora capitalizada por Albano-Dante Fachin y su Front Republicà. Saben que no habrá investidura a cambio de autodeterminación, pero les toca mantener la tensión. JxCat lo hará presentándose como la única fuerza que mira en exclusiva a Catalunya frente a la alianza de ERC con Bildu.

El calendario es caprichoso y no ayudará a endulzar las estrategias. La sesión de constitución de las Cortes, en la que se elige la presidencia de la Cámara y se dirimen mayorías para el resto de la legislatura será el 21 de mayo. Cinco días antes de volver a las urnas para las elecciones municipales y europeas. El independentismo aspira a ser decisivo, pero la imagen del PSOE accediendo a la presidencia –del Congreso o el Gobierno– gracias a JxCat o ERC descompone a más de un socialista.

El futuro no sabe de mayorías absolutas sino de alianzas, y los partidos independentistas, que sucumbieron al qué dirán, saben que están condenados a entenderse allí donde vayan. La diferencia sobre el camino que seguir está en quién de ellos llega primero.

Por: Isabel Garcia Pagan/España.