Opinión

¿QUIÉN AYUDA REALMENTE A QUIÉN?

Por: Ing. Agr. Mauro Erazo Vélez/Guayaquil.
Presidente del Foro Agropecuario Ecuatoriano y de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Ecuador.

 

Hay una pregunta que me golpea el alma como agrónomo y como montubio: ¿Quién ayuda al agro ecuatoriano a enfrentar al Fenómeno del Niño?

Vivimos la gran paradoja de nuestro tiempo. Detrás de un iPhone hay miles de fábricas en 60 países y 187 empresas que representan el 98% de su gasto. El mundo admira la tecnología. Pero nadie se pregunta de dónde sale el desayuno del dueño de Apple.

Sale de aquí, de nuestro suelo. Del arroz de Colimes que se siembra con el agua hasta la rodilla, del cacao de Vinces, del café de Manabí, del banano de El Oro. Los presidentes y los genios de Silicon Valley no comen algoritmos, comen lo que produce el agricultor ecuatoriano con sus manos agrietadas por el sol.

El oxígeno que respiran no lo fabrica ninguna industria. Lo dan nuestros bosques, nuestros guayacanes florecidos de Colimes que en verano pintan la sabana de amarillo, nuestros manglares y nuestros ríos. Nosotros ponemos la vida, la biodiversidad y el alimento. Ellos ponen el discurso.

Y cuando llega El Niño, ¿quién ayuda realmente a quién? El agricultor pone todo: la tierra, la semilla y el sacrificio. El Estado pone un comunicado que dice «prepárense». ¿Prepararse con qué?

¿Dónde está la prevención? ¿Dónde está el dragado de los ríos Daule y Paján que se desbordan en Colimes? ¿Dónde están los muros, los reservorios, el seguro agrícola real, el crédito oportuno, la asistencia técnica en territorio? No hay. Solo hay lamento y fundas de alimentos para la foto cuando el maizal ya se pudrió bajo el agua.

Somos países empobrecidos sentados sobre montañas de riqueza agrícola y agroturística. Ricos en tierra y en gente trabajadora, pobres en políticas públicas.

El agricultor no pide caridad, pide corresponsabilidad. Pide caminos para sacar su cosecha, riego, financiamiento justo y que el Ministerio sea botas en el lodo y no sellos en Guayaquil.

¿Quién ayuda a quién? Nosotros alimentamos al país 365 días al año. Nos piden el voto cada cuatro y nos dejan solos frente a la inundación.

Hasta que no entendamos que sin campo no hay ciudad, seguiremos mirando solo lo bonito del florecimiento de los guayacanes, sin ver al montubio que resiste solo, esperando que algún día la ayuda llegue antes que el agua.