Que quede muy claro:
Dr. Jorge Norero González/Guayaquil
(II)
Ser crítico y objetivo frente a lo que ocurre en mi país y en el mundo no me ubica en ninguna trinchera política.
Mi único lugar está en la defensa del orden constitucional, el Estado de derecho y la supremacía de la ley.
Nunca daré mi brazo a torcer frente a las tentaciones autoritarias de ningún poder del Estado que pretenda meter la mano donde no le corresponde, manipular instituciones o torcer la justicia para satisfacer caprichos, venganzas o intereses políticos.
El pensamiento crítico no tiene bando.
Cuando alguien cree que exigir respeto al debido proceso, al derecho a la defensa y a jueces independientes equivale a alinearse con una facción política, lo único que demuestra es su profunda ignorancia sobre lo que significa vivir en democracia.
Defender garantías constitucionales en el caso del alcalde de Guayaquil no me convierte en correísta, como tampoco denunciar abusos de poder me convierte en opositor de oficio.
Me convierte, simplemente, en alguien que se niega a aceptar que el poder se utilice para disciplinar adversarios o fabricar trofeos políticos.
Porque la historia enseña algo elemental: cuando la justicia se convierte en instrumento de persecución política, tarde o temprano termina devorando a quienes creyeron controlarla.
Pretender que el combate a la corrupción puede convertirse en licencia para atropellar la ley sería no solo un grave error político, sino una peligrosa señal de que el país camina hacia la polarización estéril que tanto daño ya nos ha causado.
Mientras algunos juegan ajedrez con el poder, el Ecuador real sigue atrapado entre el narcotráfico, la minería ilegal, las extorsiones, el sicariato y un Estado que muchas veces parece incapaz de gobernar territorios que ya no controla.
En el plano internacional, mi posición es igual de clara: respeto irrestricto al derecho internacional, al diálogo entre naciones y a las soluciones pacíficas. La barbarie y la ley del más fuerte jamás serán el camino hacia la civilización.
Así que lo dejo dicho sin rodeos:
no respondo a caudillos, no milito en sectas políticas y no me arrodillo ante ningún poder.
Quien quiera entenderlo, que lo entienda.
Y quien no, que deje de perder el tiempo sembrando dudas donde solo hay principios.
Semper Fi.
