Opinión

Que indignante es que el taxista cobre lo que le dé la gana

Daniel Tristancho / Guayaquil

Universidad Casa Grande

daniel.tristancho@casagrande.edu.ec

 

Es indignante ser testigos de cómo la gran mayoría de taxistas en Guayaquil alteran los precios del viaje para sacarle la mayor cantidad de dinero posible a quién recurre a ellos para movilizarse. Si el cliente es una persona que aparenta ser menor de edad, le aumentan un par de dólares sin vergüenza alguna, y si de paso la persona aparenta tener dinero, aumentarán aún más la tarifa lucrándose de la inexperiencia, ingenuidad y la confianza. Ni que hablar de los turistas, quienes pueden hasta llegar a pagar el doble del viaje.

Y, sin embargo, exigen que se los tenga en cuenta cuando reclaman que las aplicaciones de movilidad, como Uber, las cuales trabajan con tarifas fijas, los han dejado sin cliente alguno. ¿Cómo esperan que los clientes no vayan a migrar si este acto despreciable se repite tanto, hasta el punto de volverse ordinario? Una persona no puede tomar un taxi tranquilo sin tener que confrontar al primer taxista que encuentra por el precio y sin tener que cotizar un par más, solo para pagar el precio justo.

Hace unos días tomé un taxi desde el Terminal Terrestre hasta un Supermaxi de Vía a la Costa. La calculadora de tarifa de Uber y lo que cobraban casi todos sus conductores eran $6 por el viaje. No obstante, cada taxista de vehículo amarillo al que le pregunté por la tarifa que manejaban me decía que quedaba en $10, y solo tras varios de ellos y confrontándolos directamente porque me estaban cobrando una tarifa no correspondiente aceptaron llevarme por el precio que un principio debió haber sido el inicial. La mayoría quiso aumentar más de 50% el precio, probablemente por el hecho de que me veía como una persona joven y poco experimentada en la calle.

Tras atestiguar cosas así uno entiende perfectamente porque ese medio de transporte está en decadencia. Aparte de lidiar con una mayor incidencia a ser robado o secuestrado, toca lidiar con gente sin escrúpulos que te roba inadvertidamente. El gremio de taxistas debería encontrar una solución inmediatamente a estos problemas. Volver a implementar el taxímetro o simplemente ver cómo la profesión desaparece por la maldad de quienes hacen esto.