Tecnociencia

¿Qué evitar para mejorar ese intestino irritable?

Si un ataque de nervios lo mandó directo al baño o ha sentido mariposas en la barriga, usted podría pensar que su estómago tiene mente propia o que la vía de comunicación entre el cerebro y el intestino es una calle de doble sentido. No en vano algunos médicos lo llaman el “segundo cerebro”.

Tal vez por esto es que el Síndrome del Intestino Irritable (SII) perturba tanto: puede afectar seriamente la capacidad de trabajar y disfrutar de actividades de ocio. Y quizá por lo mismo su tratamiento requiere de varios perfiles profesionales que se apoyen entre sí para tratar al paciente, dice Álvaro Gómez, médico especialista en gastroenterología de la Universidad Javeriana y doctor del Hospital San Vicente de Paul.

Los síntomas de este trastorno sin cura fueron ajustados a mediados de 2017 en los nuevos criterios de Roma IV (periódicamente revisa los trastornos digestivos y mantiene actualizado a los especialistas) desarrollados por un panel de expertos internacionales en el campo de los trastornos gastrointestinales funcionales.

Mientras que en Roma III un diagnóstico de SII conllevaba dolor abdominal crónico o malestar por al menos tres días en el mes, en Roma IV se eliminó el término malestar y la frecuencia del dolor abdominal aumentó hasta un día por semana como mínimo.

Estrecho vínculo

El intestino y el cerebro están íntimamente conectados, con más neuronas en los intestinos que en la espina dorsal. Este contiene el 95 % de los neurotransmisores de serotonina y conexiones nerviosas directas al cerebro. Un dato sorprendente que explicó el doctor Michael Gershon, el presidente del departamento de anatomía y biología celular de la Universidad de Columbia- en su obra The second brain (Harper Perennial) en 1999.

Cada vez se esclarece que la función del sistema digestivo va más allá de procesar la comida que se ingiere. Los médicos lo investigan para entender su papel en enfermedades mentales o en el sistema inmunológico.

Por eso, no es de extrañar que además de factores de riesgo biológicos para tener un SII se sumen los psicológicos contó Gómez, en su intervención en el GastroIntestinal Forum que se realizó a mediados de marzo en Medellín. Algunos de estos podrían ser haber presentado efectos adversos en la vida, tener enfermedades psiquiátricas como depresión, ansiedad o exceso de estrés.

“Este trastorno funcional digestivo puede estar presente hasta en una quinta parte de la población colombiana”, infirió Gómez a partir de un amplio estudio epidemiológico realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y publicado en la revista científica Gastroenterología y Hepatología en noviembre de 2008.

La metodología fue cuidada y catalogada por el especialista como “confiable”. En ella acudieron a un plano de la ciudad para aleatorizar sus viviendas. Luego, las seleccionadas fueron visitadas por los investigadores y allí donde había varios adultos con edades entre 18 y 60 años hubo un sorteo para seleccionar a la persona que evaluarían. Finalmente la muestra contó con 513 personas de un promedio de edad de 36,4 años, de las cuales el 62,4 % eran mujeres y el resultado arrojó una prevalencia del 19,9 % para el trastorno. “Es alta”, concluyó el especialista.

Un tratamiento holístico

Gómez contó en entrevista que aprender a minimizar el estrés y los trastornos emocionales puede reducir los síntomas del SII, incluso de manera más eficaz que los medicamentos. Esto apoyado en investigaciones recientes que sugieren tratamientos que exploran la conexión entre la mente y el cuerpo. Pero, dice el especialista, algunos médicos subestiman el papel que puede desempeñar el entrenamiento emocional para controlarla.

Dentro de la evaluación de drogas y tratamientos usados en el mundo para este trastorno se suman incluso las terapias cognitivo conductuales, usadas en la actualidad para diagnósticos como depresión y ansiedad.

Gómez anotó que no hay pastilla mágica que solucione el problema. Los pacientes necesitan un enfoque holístico: “El tratamiento debe contar con nutricionista y psicoterapeuta a bordo”.

Esto debido a que, en algunos pacientes, los síntomas se desencadenan por sus hábitos alimenticios como la ingesta de ciertas comidas. Por eso la dieta FODMAP (ver recuadros) que tiene 30 estudios científicos asociados y 7 ensayos clínicos controlados sugiere que evitar ciertos alimentos, entre ellos el trigo, el centeno, la cebada, el chocolate, los productos lácteos, el alcohol, el café, el té, las colas, entre otros, baja los síntomas y alivia a los pacientes.

Es importante que sepa que este trastorno no desencadena la muerte ni ninguna otra enfermedad, aclara Gómez. Por ello, tranquilícese, haga parte activa de su tratamiento y hasta lleve un diario de alimentos en el que registre los brotes sintomáticos para identificar aquellos que lo alteran.

Si bien no tiene cura, la mayoría de pacientes podría aliviar su dolor y malestar si consulta con un especialista y se embarca en la tarea mejorar.

Fuente: El Colombiano