Opinión

Pureza y castidad

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil

A lo largo y ancho de la historia de la humanidad, la desnudez siempre ha representado algo vergonzoso. En el único lugar que no es vergonzoso es en los primeros versos de la Biblia. Con el sentido del pudor tratamos de decir, “mi cuerpo no es lo mejor que tengo. Es bueno, sí, pero tengo algo mejor”. La pureza al contrario de lo que la gente piensa, invita a conocerse y por eso revela más.

El problema de algunas jóvenes, de las que hoy llamamos influencers, es que desean mostrar mucha carne con tan poca ropa, y por eso no es que revelen de más, o revele demasiado, sino que revelan muy poco. Solo muestran carne y piel. Parece algo contrapuesto, pero mientras menos piel revelas, más revelas de ti. ¿Por qué? Porque das pie a que te conozcan más, a que el otro quiera saber más sobre ti. Si nos quedamos en lo exterior nunca llegaremos a profundizar el interior.

Hoy en día la sociedad está apresurada a tener muchas sensaciones y diferentes tipos de sensaciones, y caen en la pasión que trae el sexo que se lo disfraza con amor. Pero, ¿qué es amor?

San Juan Pablo II decía que lo contrario al amor no era el odio sino la utilización. El ser humano no puede encontrar plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.

El sexo es bueno, ¿saben quién lo inventó? Dios. Pero tuvo un propósito al crearlo, (G. 2, 24). No se puede reducir a la persona al simple acto sexual, eso sería la utilización plena del otro. El amor es una donación sincera de uno mismo al otro y luego del pecado original, ya no hay donación recíproca sino posesión, y estamos llamados a tratar de reparar aquello que dañamos en el principio. El hombre quiere dominar a la mujer y la mujer quiere dominar al hombre. Es un juego de fuerza. La lujuria es el deseo sexual desordenado, y la castidad nos ayuda a deshacernos de esa capacidad egoísta de usar al otro.

Vivimos en una sociedad sexualmente saturada. Sí, el sexo es parte importante de nuestras vidas. Ninguno de nosotros existiera sin que nuestros padres hayan tenido sexo, pero el sexo es la promesa de una futura relación -el matrimonio-, no el comienzo de una relación. Es tan sagrada que la Iglesia Católica le ha dado categoría de sacramento. Los padres donan el esperma y el óvulo durante el acto sexual -un acto de amor- y Dios crea el alma. Por eso se llama procreación, porque estamos ayudando a Dios en la creación entera.

San Juan Pablo II decía que la pureza es exigencia de amor. Si lo contrario de pureza es la suciedad ¿Quién desea estar sucio?