Opinión

Profesores que le enseñan a la nada

Daniel Tristancho

Pasante de la Universidad Casa Grande

daniel.tristancho@casagrande.edu.ec

Una de las conclusiones de elementos de la vida diaria que pudimos sacar fácilmente semanas después de que la pandemia comenzará es que las interacciones sociales entre el estudio en línea y el presencial tenían entre sí una brecha mucho más grande de lo que pudimos haber pensado.

Cierta inseguridad e incomodidad parecía disuadir a los alumnos de participar y prender la cámara los primeros días de estudio. En ese entonces, era un comportamiento hasta cierto punto aceptable, después de todo, eran estudiantes que se estaban acoplando a una forma de estudiar nueva y como siempre, existe cierto punto de vergüenza en iniciar interacciones dentro de un grupo que ya es algo casi inherente en el humano.

Sin embargo, los días pasaron y el comportamiento perduró. Esto generó un curioso fenómeno que consistía en el profesor dándole clases a un montón de nombres en filas y columnas, a veces interrumpidos por una foto de un equipo de fútbol o un personaje de una serie de televisión.

El desánimo que sufrían los profesores muchas veces eran evidentes, quienes en su mayoría intentaban hacer que la clase interactúe mientras se mostraban con la cámara prendida, pero es que aparte de lidiar con el hecho de no poder ver a quién le enseñan, también tenían que soportar la indiferencia de casi todos los estudiantes, que ya casi se convierte en una norma común dentro de las clases.

Una indiferencia que se escondía detrás de una decisión inconsciente. La decisión de mantenerse tras la barrera de la cámara apagada y el micrófono apagada, y se complementaba con la mediocre costumbre de solo subsistir en la clase y hablar tan solo cuando es necesario.

¿Por qué? Tal vez por vergüenza, o por aburrimiento. Lo único claro es que impartir clases técnicamente a la nada y lidiar con actos diarios de desinterés por parte de alumnos que al estar en el amparo de su cuarto pasan más en Instagram que en la clase está generando efectos reales.

La desmotivación es el nuevo enemigo que acecha a los profesores. Una desilusión al ver que el tema que imparten no está siendo absorbido por casi nadie. Una de las cosas que quedan claras ahora que estamos a puertas de volver a la presencialidad, es que los más felices al escuchar la noticia son sin ninguna duda los profesores.