Opinión

Preguntas sin respuestas

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

La radio se escuchaba de fondo con el volumen muy bajo cuando Marcos se levantó, su mamá como cada mañana amanecía un rato antes que sus hijos para tener listo el desayuno y compartir el inicio del día. Mariana y Constantino sus otros dos hermanos, con los que era muy unidos siempre decían que Marcos era el consentido de la casa porque era el más fachero, lindo y por eso le daban los gustos y no lo reprimían tanto, cosa que no era tan así aclaraba su mamá constantemente. Al finalizar y ya listos para comenzar la jornada, los varones agarraron sus botineros dónde su madre les había doblado las vendas y lustrado los zapatos y salieron a tomar el colectivo número 92 que los dejaba en el complejo del club.

Al llegar cada uno se acercaba a su división para entrenar y luchar por un puesto con dignidad y respeto, valores innegociables que aprendieron de su progenitor; los dos por capacidades diferentes jugaban en el equipo de sus amores y tenían una proyección muy alta. A la tarde, después de almorzar en la confitería del club iban a la escuela secundaria para luego compartir con amigos del barrio en el parque mientras mamá preparaba la cena.

Marcos llegó con el tiempo a jugar en primera ilusionando a muchos por su estilo tan armónico y de buen gusto para jugar. Sus hermanos lo apoyaron en los primeros partidos y vivían con él cada nueva sensación sintiéndose parte del logro, porque desde pequeños habían caminado juntos en cada acontecimiento; todo iba sobre rieles. Constantino seguía luchando en su categoría, dos años menor a su hermano deseaba también cumplir el objetivo de ser profesional mientras que Mariana ya casi graduada tenía decidido qué carrera universitaria seguir. La familia era admirada por todos y gozaban el respeto y admiración de amigos y vecinos, siendo conocidos por su perenne amabilidad. Inesperadamente y dejando a todos atónitos la radio una mañana llamativamente dejo de sonar, los silencios se adueñaron de todo y nada volvió a ser como antes. Las miradas sólo tenían preguntas y desolación; Marcos repentinamente decidió no seguir con el sueño y apagó la luz de su vida para encender la llama de la eternidad.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.