Opinión

Por verlo sonreir

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

El timbre que anunciaba cada recreo en la escuela 76 rompía el silencio y luego como aliando llegaba la estampida y gritos de niños que con o sin rumbo determinado ponían a latir el corazón de la institución educativa más longeva de la ciudad de Esquel. Una pelota puede seducir hasta el más incrédulo, y así los descansos entre clases hacian que muchos corrieran detrás del esférico y otros simplemente caminaran alrededor de la cancha, mientras Lucas con una sonrisa perenne disfrutaba desde el ventanal del aula que daba al patio.

Finalizado el descanso y con la nueva maestra ya en el salón de clases ingresaban todos los jóvenes comentando las jugadas, a las que Lucas con ojo clínico dictaminaba cuál de sus compañeros tenía razón, generando luego de su opinión que se festejara en un sector la duda disipada. Así creció, viendo a todos sus amigos disfrutar y entendiendo que desde su aceptación encontraría la felicidad que necesita tener toda criatura en su niñez.

Entrando en su adolescencia aparecieron otras complicaciones típicas de la edad las cuales fueron sobrepasando por la contención inquebrantable de su progenitora que con la tenacidad y amor incondicional como herramientas ayudó a combatir cada momento tormentoso del nuevo adolescente. Sin saber de todo esto, mis días pasaban detrás de mi sueño, el de poder ser futbolista y saciar de esta manera mis deseos más profundos jugando a la pelota.

Un día, que quedó grabado en mis retinas para siempre golpearon la puerta de la casa de mis padres donde había llegado para pasar mis vacaciones después de un largo torneo en el exterior, envuelta en una timidez plagada de respeto estaba Norma, la mamá de Lucas que con sus ojos brillantes se presentó y sin titubear me pidió que la acompañara a su casa porque su hijo me quería conocer, accedí inmediatamente más allá de no saber quién era porque sentí que me pasaría algo mágico.

La humildad de un hogar sin lujos pero con un calor humano inmenso me puso cara a cara con un ser humano excepcional que por cosas de la vida nació con problemas degenerativos en sus huesos lo que impide sus movimientos y lo alejo desde sus primeros días de lo cotidiano que debe y necesita tener la infancia de un niño. Su sonrisa me cautivo, sus comentarios sobre goles que vio por tv y su sencillez me hicieron entender que lo importante esta en los pequeños detalles, él me estaba demostrando su simpatía sin protocolos.

Su fortaleza me enseñó que ser feliz es una opción, y Lucas que pasó a ser uno de mis ídolos lo es desde su silla de ruedas; gracias querido amigo por llevarme a ver la vida desde tus ojos.

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