Opinión

¿Por qué los magistrados deben tener cabellos blancos?

Fuente: Ramón Fonseca Mora/ Panamà

Uno de los temas más importantes a discutir en las reformas a nuestra Constitución Nacional es el tema de la manera en la que nuestros magistrados deben ser escogidos. Este artículo no está dirigido a criticar a los magistrados actuales, escogidos en buena forma utilizando las reglas existentes. Por el contrario, abre el camino para que esos mismos magistrados que llenen los requisitos cuando lleguen a la edad sugerida, repitan en un puesto que les dará seguridad y firmeza por el resto de sus vidas.

Una parte importante de la legislación de países, al contrario que en Panamá, aleja la escogencia de sus magistrados de la gestión política. Esto sucede porque si intervienen los órganos Ejecutivo y/o Legislativo, como en nuestro país, estos están llenos de personas con lazos con la política nacional, asunto que no combina muy bien cuando se trata de administrar Justicia. Es más, hay que alejar lo más posible la gestión interna del Órgano Judicial de la de los otros dos órganos por razones obvias.

En primer lugar, sugiero que la lista de los candidatos sean escogida por un organismo similar al ‘Consejo Superior de la Judicatura’, como en nuestra vecina Colombia, constituido solamente por funcionarios del Órgano Judicial, o por un ente formalizado por la ley, parecido a ese invento nuestro ingenioso llamado Concertación Nacional, que reúne a diferentes campos de nuestro país, y al cual, lamentablemente, poco caso se le ha hecho.

Segundo, como lo que se busca son personas con criterio propio e independiente, capaces de tomar decisiones duras, aún en contra de intereses de personas o empresas relacionadas con ellos, ¿qué mejor opción que encontrarlas entre aquellas personas que ya hayan estado en el ‘campo de batalla’ y demostrado, a través de sus actuaciones, esa imparcialidad y honorabilidad necesaria para estos puestos. Hablo de que los candidatos deberían haber hecho ya carrera judicial, y que cuyas decisiones hayan sido poco cuestionadas. Esto también animará a los escalones más bajos de la administración de justicia a portarse bien y demostrar su capacidad de buen juicio. Pienso que un mínimo de quince años en estas faenas darán buenos resultados al momento de la escogencia.

Tercero, durante la juventud e inicio de la madurez es cuando hombres y mujeres comienzan a pensar en su vejez y de qué manera pasarla de la mejor manera posible, es peligroso poner en manos de personas de cierta edad aún no madura decisiones en las que se podrían estar jugando bienes y fortunas importantes.

Por ello, considero que lo mejor es que nuestros magistrados ya hayan pasado esas edades y llegado a un nivel en el que sus hijos ya estén educados y su casa pagada. Para mí esa edad no puede ser de menos de 60 años. Hoy envejecemos más tarde —leo en una novela del Siglo XIX que llaman ‘anciano’ a alguien de 65—, lo que permite que tengamos más años productivos en nuestra vida. En mi opinión, lo ideal sería que los magistrados sean escogidos hasta su muerte —salvo en casos de pérdida de la lucidez mental—, lo que les daría la seguridad de vida el resto de sus vidas —a menos que, claro, se porten mal—.

Considero que los puntos arriba mencionados nos darán la certeza de un Órgano Judicial independiente, certero, apartado de la política y cercano a la honestidad, algo muy necesario, si queremos avanzar como país y darles a nuestros ciudadanos y visitantes la certeza de que la Justicia en Panamá es certera y, vale la redundancia, Justa. Así que, la próxima vez que nos fijemos en nuestros candidatos a magistrados fijémonos en sus cabellos y confirmemos que son blancos (a menos que se los tiñan…).