Economía

Por qué Lagarde (BCE) insiste en que el monstruo de la inflación en Europa no es el mismo que en EEUU

La inflación se encuentra en máximos no vistos en las últimas décadas tanto en EEUU como en la Eurozona. Ambos indicadores parecen estar acercándose a destinos similares, aunque usando caminos distintos, algo que puede terminar marcando la diferencia en lo que a duración e intensidad de la inflación se refiere. Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, lleva tiempo poniendo de relieve esta diferencia (difícil de percibir a simple vista) entre el IPC de ambas regiones, puesto que también permitiría una respuesta monetaria ajustada a las necesidades de la zona euro: el BCE podría ir mucho más despacio en la normalización monetaria que la Reserva Federal. Inflaciones similares no siempre son consecuencia de mismos problemas.

Lagarde ha asegurado este fin de semana que en una entrevista en la CBS que el BCE y la Fed “se enfrentan a bestias diferentes”, refiriéndose a la inflación. Por ello, las políticas monetarias no tienen por qué ser las mismas aunque a primera vista la ‘bestia’ o el ‘monstruo’ parezcan idénticos. Por ello, el BCE debe usar “las herramientas y la secuencia” más apropiada para controlar la inflación, aseguró la banquera central.

Los últimos datos oficiales publicados revelan que la inflación en la Eurozona es del 7,4%, mientras que en EEUU el IPC alcanzó el 8,5%. Se espera que los precios en la zona euro prosigan su escalada en los próximos meses, mientras que en EEUU ya podrían haber llegado a la cima. Sin embargo, EEUU podría estar en una situación relativamente peor que la zona euro para controlar la inflación, lo que obligaría a la Reserva Federal a actuar con mayor agresividad poniendo en riesgo la recuperación. Los analistas de Deutsche Bank ya pronostican una recesión en EEUU como consecuencia de este endurecimiento monetario, mientras que la Eurozona esquivaría (según las previsiones) los dos trimestres consecutivos de contracción.

Bestias diferentes, por ahora

¿Por qué la Fed debe actuar con más determinación que el BCE? La clave está en una frase que pronunció Lagarde durante la entrevista: “Subir los tipos de interés hoy no va a provocar una caída de los precios de la energía”. Los datos desagregados por el Fondo Monetario Internacional en su último informe sobre la economía global muestran que esta diferencia es importante, al menos a día de hoy, cuando se compara el fenómeno inflacionario de EEUU y de la Eurozona. En el primero, la energía y los alimentos no representa ni el 50%, mientras que en el segundo (Eurozona), la energía y los alimentos (componentes más volátiles) son casi todo el problema.

Esto es algo que queda reflejado en la inflación subyacente (no pondera ni energía ni alimentos frescos). Mientras que el IPC subyacente en la zona euro no llega aún al 3%, en EEUU se sitúa ya en el 6,5%.

La inflación ya ha llegado a lo más hondo de la primera economía del mundo y ahora la Fed va a tener que ir mucho más lejos para deshacer este fenómeno que ya afecta de forma evidente a toda la cesta del consumidor y que está teniendo efectos de segundo ronda sobre la economía (salarios y precios).

La inflación en Europa

Mientras en que la inflación general la diferencia apenas llega al punto porcentual, en la subyacente la brecha supera los 3,5 puntos. “Hasta la fecha, la mayor parte de la inflación en la zona del euro refleja choques generados en el exterior, vía importaciones netas de energía y materias primas o vía las importaciones de otros bienes y servicios… La inflación en artículos con bajo contenido de importaciones, para los cuales las presiones internas de los precios juegan un papel clave, ha sido mucho más baja que para el IPC general y también para el IPC subyacente. Esto contrasta con el período anterior a la pandemia, donde los choques que impulsaron la inflación se distribuyeron de manera más equitativa y reflejaron tanto factores externos como internos”, aseguran Christiane Nickel, Gerrit Koester y Eliza Lis, economistas del Banco Central Europeo en un documento.

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Por el contrario, en EEUU los factores internos suponen más del 50% de la inflación, según el Fondo Monetario Internacional. Los salarios están subiendo al mayor ritmo en décadas, mientras que el consumo de bienes ha superado con creces los niveles previos a la pandemia (algo que no ha ocurrido todavía en la Eurozona).

La fuerte subida de precios en EEUU es en buena parte consecuencia de una economía sobrecalentada. Esto ha generado una subida de precios que es capaz de sostenerse por sí sola, mientras que en la Eurozona, por ahora, es una inflación que se sostiene en factores externos. Si el precio de la energía recula o se modera, la inflación en la zona euro debería volver a su cauce antes que la de EEUU.

Varios economistas de la Fed de San Francisco han analizado también en un documento esta diferencia entre la inflación de EEUU y la del resto del mundo. Para ello han estudiado el comportamiento la renta disponible (la parte de ingresos que quedad para gastar o ahorrar después de pagar impuestos y recibir transferencias del gobierno) de los hogares durante los últimos meses. El documento muestra que los hogares estadounidenses experimentaron aumentos de su renta disponible significativamente mayores en comparación con sus pares de la OCDE.

El programa de estímulos fiscales de EEUU fue mucho más extenso que el de el resto de países, además de incluir grandes trasferencias directas a los hogares americanos y otra series de ayudas al empleo, las empresas… “La comparación entre la trayectoria real de la inflación y nuestro escenario sugiere que las transferencias pueden haber contribuido a un aumento de la inflación de alrededor de 3 puntos porcentuales”, aseguran los analistas de la Fed. Las fuertes trasferencias a los hogares han desembocado en un boom del consumo que ha generado un desequilibrio entre oferta y demanda. Ahora, parte de esta renta empieza a desbordar también el sector servicios americano.

Joseph Lavrogna, economista de Natixis, explicaba esta semana en una nota que la inflación de EEUU “es el resultado del gasto fiscal excesivo y las restricciones continuas de la cadena de suministro. Tanto los precios acíclicos como los cíclicos se están disparando. Para reducir la inflación, la Fed puede sentirse obligada a aplastar la demanda hasta tal punto que la incapacidad de las empresas para obtener materiales e insumos deje de ser un problema”.

En defensa de la política fiscal

Los economistas de la Fed de San Francisco coinciden en señalar al notable apoyo fiscal destinado a contrarrestar el colapso económico del covid-19 como una de las causas principales del auge de los precios. Aunque estas políticas expansivas están generando buena parte de la inflación que sufre hoy EEUU, “sin estas medidas de gasto, la economía podría haberse inclinado hacia una deflación total y un crecimiento económico más lento, cuyas consecuencias habrían sido más difíciles de manejar”.

Por el contrario, en la zona euro las medidas de estímulo fiscal fueron más débiles y las transferencias directas a los hogares mucho menos ambiciosas. De este modo, la renta disponible de las familias no varió demasiado (algo que ya es un logro para una crisis), pero no se incrementó del mismo modo que en EEUU.

El resultado es una recuperación más rápida en EEUU que en la zona euro, pero una inflación que a primera vista también parece más peligrosa y permanente. Por lo tanto, el BCE tiene en teoría un mayor margen para ir más despacio con el endurecimiento de su política monetaria, mientras que la Fed deberá hacer una forma mucho más agresiva.

Fuente: Revista El Economista